CV. Manuel Guisande, escritor y periodista

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Manuel Guisande (Santiago de Compostela / España) Estudió Derecho en Santiago y trabajó como periodista en El Correo Gallego, Ideal Gallego, y La Voz de Galicia. Colabora en la actualidad en varios diarios españoles y del extranjero. Además de conferenciante, imparte cursos en entidades e instituciones sobre escritura creativa (cuentos infantiles, relatos, guiones de teatro) así como un curso especifico de Periodismo dirigido a profesionales, ejecutivos y universitarios.

Galardones: , Premio Fernando Arenas de Literatura y Ensayo con la obra ¿Cómo somos los gallegos?, depende. (2017-2018) Premio Galicia de Comunicación (2000), Premio Codorniz de Plata de la Academia del Humor (2000) , Premio de Teatro Ciudad de La Coruña (1987)

2017 Premio Fernando Arenas

2017 Profesor invitado en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México), la séptima universidad más importante de Latinoamérica, para impartir cursos de Periodismo, Guionismo, Cine Experimental y Literatura Creativa.

2017 Curso en la Universidad de A Coruña sobre Periodismo para Profesionales

2016 Libro; Tonterías escritas en momentos de estupidez

2016  libro: Relatos de absurdo contenido (Ed. Cumio)

2015 Programa de monólogos en Radio Voz

2015 Exposición, junto con el fotógrafo Antonio Amboade, de la obra En tu línea (sobre las líneas de las carreteras) en la sala Artísima Art Gallery de Dubai con la colaboración de la embajada de España como «Marca España», que recorrió los siete Emiratos árabes.

2014   Poemario En tu línea (Ed.Cumio), un conjunto de poemas, con fotos de Antonio Amboade, sobre las líneas de las carreteras.

2014 Guionista en Radio Voz

2013  Al fondo a la derecha (Ed. Cumio), que estudian los alumnos de Español de las Universidades de Kentucky y Molloy College (Nueva York).

2012 – 2018 Colaboración con RadioVoz con entrevistas humorísticas y surrealistas, así como con monólogos

2011 Colección de cuentos Rodribico, en castellano, gallego y portugués con la que obtiene el Premio Isaac Díaz Pardo de la Asociación Galega de Editores a la mejor colección infantil.

2010 Guionista del cortometraje Garabolis, que llega a la final del Festival Internacional de Cine de Ourense.

2009 blog Al fondo a la derecha

2000 Premio Codorniz de Plata de la Academia del Humor

2000 Premio Galicia de Comunicación

1987 Premio de Teatro Ciudad de La Coruña

1980 Cofundador de la revista de poesía La Barandilla

e-mail: manuel.guisande@yahoo.es

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El problema es Franco; trabajo, vivienda, sanidad y educación… no

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Supongo que eso es lo que hacen las dictaduras, las pseudodemocracias bien organizadas como la nuestra o los que no tienen capacidad para resolver los problemas reales de un país: trabajo, educación, sanidad y vivienda; y entonces los dirigentes, todos, buscan formas de entretener al personal y esta temporada toca la exhumación de los restos de Franco, un problema de Estado, por lo visto.

Y mientras nuestros políticos de salón con sus buenos sueldos y prebendas discuten, y los medios de comunicación los usan como voceros, miles de españoles viven con trabajos propios de la Edad Media en un país en el que hay un millón de hogares sin ingresos que sobreviven gracias a la ayuda de padres  y abuelos; se ocultan las estadísticas de suicidios por desahucios o falta de recursos; se reducen las inversiones en Educación para hacernos más ignorantes y manipulables, y también en I+D para conseguir lo que desean los países fuertes de Europa: que seamos mano de obra barata y dócil.

Y en tanto nuestros hijos los formamos en España y esperamos de ellos que levanten el país con su capacidad y con el esfuerzo que a todos nos supone mejorar las universidades, el resultado es que otros países se aprovechan de su talento mientras nos animan a reducir gastos, a ver si morimos de una vez.

Médicos recién licenciados, ingenieros, investigadores, arquitectos y científicos huyen de este país con dirigentes mediocres que solo se preocupan si su partido sube o no en la intención de voto para tener poder: una variante del síndrome de Diógenes. El problema… Franco; trabajo, vivienda, sanidad y educación… no. Esto no lo arregla ya ni una revolución cuando los revolucionarios ya se han acomodado, y algunos hasta dicen sin rubor que son hijos únicos y que en caso de problemas económicos herederán de sus padres.

 

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Solo la Educación acabará con la desigualdad entre hombres y mujeres

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Normalmente, cuando vas a escuchar a un economista que va a hablar de la desigualdad salarial entre el hombre y la mujer, así como del futuro que nos espera, pues te imaginas eso: que el conferenciante dará datos y más datos sobre el empleo, sobre las diferencias de sueldos, sobre el PIB, el IRPF y, a lo mejor, si se tercia, algo sobre los bosquimanos, por eso del contraste y darle un toque de gracia al asunto, que falta le hace.

Pero lo que no te imaginas es, como sucedió en el Club Financiero de A Coruña, en una conferencia pronunciada por el más que simpático economista José Carlos Díez (el de la pizarra de la sexta TV) que tras diversas preguntas de los allí congregados, terminara diciendo que muchos de los problemas sociales y económicos actuales se resuelven con tres palabras: Educación, Educación y Educación.

Y en efecto; es la educación,  comprender que las mujeres y los hombres somos iguales con nuestras diferencias y que cuando una mujer trabajadora está embarazada no es un problema, sino una alegría porque viene uno más a unirse en esta aventura que es la vida, lo que precisa esta sociedad.

Porque con la educación nos empapamos también de sensibilidad, y así podemos entender que nadie ha elegido una determinada casa para nacer, una familia, un hogar, sino que es el puro azar lo que determina que uno acabe o no en un ámbito social y económico y, por tanto, con más o menos posibilidades de futuro.

Y cuando podemos llegar a concebir eso, cuando asimilamos que en gran parte el protagonista de nuestra existencia es la suerte, la casualidad, es cuando nos resulta más fácil compartir, ceder y no ser egoísta y a entender que ese que ves que está a tu lado y que pasa necesidades pudiste ser tú.

Con la educación y no de otra forma es como se puede a llegar a tener una visión más global de todo lo que nos rodea, y que hemos venido a este mundo a ser felices y que medios hay para ello si también hay un reparto más equitativo, más justo, y olvidamos un poco el «yo, yo y yo».

Porque cuando se llega a sentir e interiorizar lo efímero que somos y que solamente uno es feliz viendo a los demás felices es cuando realmente el ser humano ha llegado un punto sublime de evolución; pero por ahora, en esta sociedad de Iphonprimitivos, para alcanzarlo, como bien decía José Carlos Díez  solo se necesitan tres cosas: Educación, Educación y Educación.

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“¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017-2018.

Lo puedes adquirir en Amazón y en las librerías: Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro).

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Para conocer Galicia nada mejor qué…

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Del libro «¿Cómo somos los gallegos?, depende» (Editorial Arenas). Premio  de Literatura y Ensayo Fernando Arenas Quintela 1017-2018

Permíteme que este artículo sobre funerales y la muerte lo escriba en negrita, por respeto, que uno es muy educado, y porque no vaya a ser que al final exista el Cielo y por un no sé qué de que lo escribí en gris y que si esto y lo otro… pues que no entre, me quede en el Purgatorio como un imbécil o repita vida en la Tierra. En fin, a lo que vamos.

Al gallego que vive en la aldea, en lo que es el ámbito de las relaciones sociales, esas de «canto tempo, ¡oh!», le encanta festejar las bodas, aunque desgraciadamente cada vez hay menos, al igual que los bautizos y las primeras comuniones. Sin embargo están en boga, y por muchos años me temo, los funerales. Un funeral… donde haya un funeral…

Da lo mismo quién sea el fiambre, si una buena persona o un petardo de tío que ya hasta algunos decían que vivía demasiado para la mala leche que tenía; pero un entierro mola porque viene a ser como un conjunto de amigos rodeados por todas partes de alegría menos por una llamada familia, que esa sí, esa parece que está triste, porque los demás…

Si alguien quiere conocer Galicia en profundidad tiene que ir a un sepelio en el medio rural porque es ahí donde aprendes el origen de esta tierra. Eso de ir a la playa, al casino de A Toxa, a las dunas de Corrubedo, comer percebes, camarones o visitar la catedral de Santiago y el rollo del botafumeiro está bien como actividades extraescolares para el turista, para esa persona a la que le meten folletos publicitarios por la cabeza y al final dice que el mejillón es un marisco, que lo es, pero marisco marisco… Tú ya me entiendes. Una desgracia.

Tú vas a un funeral, y ya una hora antes está el personal esperando la caja o a la cajetilla, porque todo dios fuma, y entre calada y calada y algún «dame fogo», la gente se arremolina en grupos y empieza a charlar con viejos amigos, excepto con el muerto, claro.

Y mientras escuchas, comienzas a descubrir la auténtica Galicia. Por ejemplo, que en todas las aldeas había una escuela unitaria y que allí iban lo mismo los que tenían cinco años que catorce, que saber entera la tabla de multiplicar salía a una media de quince coscorrones por alumno y que había un ser todopoderoso llamado maestro.

El magister lo mismo te enseñaba Geografía que de repente se transformaba en médico discontinuo que en confesor. Que alguien estaba enfermo… pues allá iba el docente con lo último que había leído en el Reader`s Digest e inyección que te crió. Que se curaba… «E que D. Ramiro o sabe todo, outra cousa non, pero listo te é…». Que moría el paciente, bien porque la inyección había sido mal puesta, bien porque la jeringuilla no estaba muy limpia, o bien porque el antibiótico no era para el abdomen sino para las orejas… «Pois que se llevai facer, xa tiña unha cara… que ben ben no estaba, iso fixo».

Y tras contar todas las aventuras del maestro… «¿E te acordas cando atabamos o rabo das vacas do Chirelo ao árbol…?», «¿e cando xuntamos os carros e quitamos as rodas…?», poco a poco vas descubriendo que como diversión había una o dos fiestas al año (la de la aldea y la del pueblo de al lado), que cuando llegó la tele había quien se creía que los protagonistas de las pelis estaban allí dentro y te veían, o que se sorprendían cuando escuchaban la radio y oían a alguien hablar en el interior de una caja.

Aprenderás también cómo era la mili, especialmente los viajes para llegar de cualquier sitio de España a Galicia a ritmo de orujo; o que cuando había una reunión de mozos en una casa, el juego erótico consistía en que se juntaban todos en una habitación, apagaban la luz durante varios minutos y que allí cada uno que hiciera lo que pudiese.

En fin, que un funeral es una fuente inagotable de conocimiento de la intrahistoria gallega, y quienes van a un entierro le dan un repaso, pero un repaso fino a cómo se vivía antes; como yo, que estoy repasando este artículo por si me dejo alguna palabra sin negrita, no sea que por una, por solo una… pues que la vayamos a liar y acabe en el Purgatorio o en el limbo, en el que a veces creo que ya estoy.

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«¿Cómo somos los gallegos?, depende» Lo puedes encontra en Amazón y en las librerías: Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro).

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Lo del alcalde coruñés, impresentable

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En la política hay dirigentes que saben, otros que no saben y preguntan, y algunos que no alcanzan, que no dan más de sí y entonces les suele quedar cara de tonto, de parvo que decimos en Galicia. Dónde se puede encuadrar al alcalde Xulio Ferreiro no me compete, pero despedir a un trabajador del Ayuntamiento que estaba de baja laboral, es impresentable e impropio de una persona con un mínimo de humanidad.

Bastante tiene el pobre hombre con estar enfermo, que como cualquier ser humano estará triste y deprimido, cuando además (y eso me consta) le gusta lo que hace y tiene ganas de volver a la actividad, como para que venga su jefe, el alcalde, y lo envíe a la puta calle.

Iba a decir que a un alcalde lo primero que se le puede pedir es que sepa gobernar y que sea un buen gestor porque, al fin y a la postre, un Ayuntamiento viene a ser como una empresa; pero por lo visto a algunos hay que empezar por exigirles lo más básico: sensibilidad, algo que ni se estudia ni se aprende, sino que es consustancial con la persona, si se es persona.

Y ante esto cabe preguntarse: ¿Qué pensarán a partir de ahora los coruñeses cuando se reúnan con él? ¿qué confianza se puede tener en un dirigente que le envía una carta de despido a un trabajador enfermo? ¿qué sensibilidad puede tener ante los problemas que sufre el ciudadano de a pie si a un trabajador lo fulmina de forma tan traumática? ¿no podía esperar a que se hubiera recuperado?

Yo me imagino que el despido no fue en un momento de ofuscación, porque si fue así, mal lo tenemos los coruñeses con un alcalde que actuara a arrebatos; y si lo hizo de forma tranquila, meditada y pausada, me recuerda a alguno que firmaba sentencias.

Incapaces o de escasa talla intelectual como para dirigir el futuro de la ciudad tiene el alcalde varios en su gobierno, como (al menos para mí, en lo que más conozco, y es una simple opinión) el concejal de Cultura, José Manuel Sande, que en su currículo dice entre otras cosas que tiene «una larga trayectoria como escritor» y así, a falta de otros datos, no hay dios que encuentre un libro suyo, por lo que espero que conteste a este artículo para que diga los títulos, comprarlos y, obviamente, entonces desdecirme y pedir disculpas.

O como su segundo de abordo, Xulio Vázquez López, «educador social y animador social», como así se autodefine, del que se desconoce actividad cultura relevante salvo colaborar con ONGs, lo cual es muy loable, pero como te lo diría, neniño, en A Coruña hay 250.000 habitantes.

Pero los de estos dos jóvenes aprendices, que manejan en la concejalía varios millones de euros, que nunca imaginaron estar en esos puestos y así les va, tiene solución porque tanto José Manuel Sande como Xulio Vázquez siempre podrán ser sustituidos; sin embargo, lo que no puede ser sustituida a cierta edad es una forma de ser, de entender  la vida.

Yo al alcalde Xulio Ferreiro, tras su acción de despedir a un trabajador que estaba de baja, no le deseo nada, ni bueno ni malo, porque él, con su manera tan mezquina de actuar está y es eso: nada.

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El gallego y las llamadas telefónicas

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El gallego es como es y todo lo que puedas imaginar… lo supera, y no hay universidad del mundo, ni estudiosos, ni psicólogos, ni psiquiatras, ni alienígenas, ni dios maya o inca que llegue a comprender lo que se le puede pasar por la sesera cuando piensa.

Hasta tal punto creo esto, que a mí me han ocurrido cosas que según suceden te dan ganas de pellizcarte porque no tienes claro si estás despierto o es una ensoñación, y cuando descubres que no, que no es un sueño, porque no estás en pijama, que lo que has vivido es real como la vida misma, del alma solamente te puede salir una palabra: ¡increíble!

Tú llamas por teléfono a una casa de una aldea y preguntas por Paco, por ejemplo. Entonces oyes una voz que te dice: «¡Ay!, eiquí non é, eiquí non che vive ninjún Paco». Vale, pues hasta ahí vamos bien, vamos bien; y ahí tendría que acabar la conversación, le pedirías disculpas, le dirías que te has confundido de número, que lo sientes y cuelgas, ¿no? Pues no, hombre, no, no es así. En Galicia no es así.

Que el Paco que buscas no vive allí lo tienes claro, pero lo que no entiendes ni entenderás es cuando la persona que está al otro del teléfono te dice: «¿E ti quen eres?». Pero vamos a ver, qué le importará quién soy yo si no me conoce, si le acabo de decir que me confundí… Qué le digo… que me llamo Manuel Guisande, que soy el del medio de tres hermanos, que mi madre se llama María Teresa, que me dedico a escribir, que saqué el permiso de circulación en 1976 o que me encantan las ciruelas… ¿Qué hago?

Yo, cuando me sucede esto, me pregunto: ¿pero para qué querrá saber quién soy?, ¿realmente le importa? Bueno, pues a veces, ya dentro de esta locura, comentas: «Me llamo Manuel Guisande», que lo dices como podrías decir Alberto Pérez o José de Bengoechea. Y entonces oyes una respuesta que no es que te la esperes, es que no hay otra: «Pois non o coñezo». ¡¡¡Pero cómo diablos me vas a conocer, por Diosssss!!!, ¡¡¡cómo diablos vas a saber quién soyyyyyy!!!, ¡¡¡¡si es que es imposibleeeeee!!!!

¿A que esto te parece que no hay forma humana de superarlo? Pues te equivocas, la hay. Y esto le ocurrió a un amigo al que su madre vivía en una aldea e invitó a pasar unos días en la ciudad. Como hacía calor, decidió darse una ducha a media tarde, así que estaba enjabonándose cuando escuchó que sonaba el teléfono y su madre lo cogió. Durante un buen rato estuvo hablando, y mi amigo oía frases como: «Pois viñen a pasar uns días», «é que meu fillo traballa eiquí», «¡ay, non!, eu son de Arzúa», y una despedida en plan: «Pois a ver se un día nos vemos».

Y así estuvo como diez o quince minutos de cháchara cuando mi amigo salió de la ducha y, mientras se secaba el pelo con una toalla, le preguntó un tanto extrañado: «Mamá, ¿quién era?», a lo que contestó: «¡Ah!, nadie, uno que se confundió». De verdad, es mucho.

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“¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

Lo puedes adquirir en Amazón y en las librerías: Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro).

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He decidido exiliarme intelectualmente de España

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Supongo que me costará, que habrá momentos en los que tendré muchas ganas de ponerme ante el ordenador para denunciar situaciones que ocurren en este mi querido país llamado España y que está siendo saqueado y vapuleado por sinvergüenzas; pero ha llegado un momento que he decidido exiliarme intelectualmente. No puedo más.

Lo de este país es insoportable. Hemos llegado a la locura de aguantar a radicales nazis que matan a un ser humano por llevar unos tirantes con la bandera española; unos políticos ladrones a los que nadie les mete mano, como mucho un año o dos en prisión y a la calle, o a que todavía sigamos esperando el juicio de Urdangarin mientras este elemento vive de puta madre en Suiza con escoltas que pagamos todos.

Y así podría seguir la lista. Como el insultante dinero que ganan los bancos a los que todos los españoles rescatamos (nos deben 42.000 millones de euros) y aún encima tienen la desfachatez de cobrar comisiones por tener una tarjeta, o paraísos fiscales que son legales para que los ricos paguen menos impuestos en perjuicio de nuestro país.

La auténtica esclavitud en la que viven millones de españoles ganando menos de 800 euros al mes mientras otros multiplican por diez o veinte ese sueldo; a que hayamos llegado al extremo de que unos pasen frío en invierno y otros tenga cuatro o cinco casas con todas las comodidades, o a que los niños se mareen en los colegios porque no pueden comer tres veces al día y que estén rozando la desnutrición.

Hasta nos han quitado nuestra alegría, enfrentándonos unos con otros, para que nos odiemos y ellos vivan de ese odio, cuando siempre ha sido una felicidad recorrer este país porque en todos los sitios eras bienvenido.

Aquí ni dios se preocupa de lo esencial: Educación, vivienda, sanidad y trabajo.  Dicho de otra manera: una vida digna. Aquí, a estos impresentables de políticos que tenemos todo les da lo mismo; el asunto es pensar en «yo yo y yo» y lo de servir al ciudadano… como si te mueres. Y la única esperanza, las bases de esos partidos, los jóvenes que pueden cambiar este país, callados como putas por unas migajas.

Yo no sé si soy de una época pasada o futura; pero de esta, no. Aquí no se puede opinar porque hay auténticos bárbaros que ante lo que dices solo te responden con insultos y no hay contraste de pareces para avanzar entre todos y tener más cultura; aquí  los partidos políticos te encasillan por decir lo que piensas y te conviertes en enemigo; aquí la intelectualidad no dice nada porque vive de subvenciones, y la mayoría de mis colegas periodistas son voceros de partidos políticos, francotiradores de la palabra.

Me exilio hasta que esta pseudodemocracia cambie. Aquí nadie da valor a algo tan simple como salir a la calle. Ya me gustaría que todos estos crápulas pasaran quince días como estuve yo en Monterrey (México) prácticamente en cerrado en un apartamento porque cuando salías a pasear lo hacías con pánico. No sabemos lo que tenemos, lo que están destrozando.

Me exilio, escribiré artículos de humor de vez en cuando y sé que me va a costar no denunciar injusticias porque ante ellas me hierve la sangre, pero luchar contra molinos de vientos siempre fue un imposible. Disculpa que haya utilizado la palabra «intelectualmente» porque la realidad es que soy un simple ciudadano como tú. Nada más.

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