La manía de ver chalés en verano

Del libro Relatos de verano para reír todo el año (Amazon,Tapa blanda y kindle). Mi única pretensión… que sonrías; bueno, si lo compras… también 😉

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Esto del verano es de locos, de descerebre total. Mira que tienes todo el año, pero todo, que son mogollón de meses, de días y de horas, horas todas las del mundo; pues llega esta época estival-festival y todo el personal quiere que vayas a su casa y en concreto a su urbanización. No te invitan el resto del año ni para un café y, llegan estas fechas, y ni que en vez de una casa tuvieran una barraca de ferias: ¡¡¡Pasen, pasen, paseeen y veaaaannn!!!  ¡¡¡La casa de los Guillérmez, la auténtica, paseen, paseeeeeeeen!!!

Vamos a ver; yo no he recorrido todas las urbanizaciones de España para escribir este relato, pero estoy seguro que con las que he visitado es suficiente para saber cómo son y, si me apuras, para hacerme agente inmobiliario porque me han enseñado de todo: el tipo de suelo, ventanas, techos, calefacciones, garajes, aislamientos, sistemas de seguridad, cierres…

Y en todas hay una cosa que no falla. Todas, pero todas, están a quince minutos de la ciudad. Ni media hora, ni veinte minutos; quince y nada más que quince. Te acuerdas de aquella canción tan antigua del Dúo Dinámico que decía: «♫♫♫ Quince / años / tiene mi amooor / Quince / años / tiene mi amooor ♫♫♫». Pues eso. Quince

Yo, que vivo en A Coruña, un día fui a una que llegó un momento que a punto estuve de decir: «¿y por qué no vamos ya hasta Gijón… total?», pero me contuve, aunque no sé muy bien porqué, ya que la verdad es que hacía tanto tiempo que no visitaba Asturias y que no tomaba una sidra…

A mí las urbanizaciones nunca me atrajeron, nunca le encontré yo una cosa a eso de vivir en una especie de barricada alejado del personal. Además, pensaba que, en las urbanizaciones, al vivir así, en plan tribu, con cercas, pinchos y alambradas, pues que la gente se conocía, que hacían unas fiestas del copón entre ellos y que no querían que participara gente de fuera por eso de la intimidad; pero descubrí que no, que ni encerrados en cien metros cuadrados se quieren conocer.

¿Y cómo lo averigüé? Pues un día que fui a una y cuando mi amigo decidió pasear al perro…. bueno bueno con la caminata, nunca tal susto viví. Fue dar el can cuatro pasos y allí ser armó la de dios: una jauría, unos ladridos, unos arrebatos bestiales de los canes lanzándose a dentelladas contras las vallas de los chalés… y claro, si no se conocen ni los perros, que lo normal es que se empaten, salvo excepciones, ¿cómo se van a conocer los propietarios? Imposible.

Pues después de dar una vuelta por la urbanización hablando a gritos entre aullidos y gruñidos, finalmente regresamos a la casa, que por mi podía ir a cualquier otra, con tal de no estar en la calle con aquella animalada, lo que fuera.

Pensaba que mi amigo iba a hablarme de lo que acabábamos de vivir, porque te lo juro que no sé por qué la gente va de safari al Serengueti para vivir experiencias fuertes; pero no, de repente me dijo: «Aquí se vive una tranquilidad…». Y claro, cuando dijo eso pensé: «Aquí… ¿aquí dónde?, será en el sofá ¿no? porque lo que es afuera…». Y me quedé callado, dije que sí por eso de mejor que decir no; pero de verdad que me daba unas ganas de preguntar si en la urbanización tenían como vecino a Ángel Cristo…

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Del libro Relatos de verano para reír todo el año (Amazon, Tapa blanda y kindle). Mi única pretensión… que sonrías; por cierto, sabes que los libros se pueden comprar… 😉

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Acerca de manuelguisande

Periodista, escritor, conferenciante y desarrollador de proyectos creativos
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2 respuestas a La manía de ver chalés en verano

  1. René dijo:

    Hola Manuel, despues de vivir en un pueblo con cuatro vecinos, es normal que una urbanización te parezca una trinchera y que estes mirando de donde va a salir el sargento. Cuando vivia en Coruña fuí de barrio y ahora en Palma también sigo siendo de barrrio, En mi barrio de Coruña veia al señor Pombo sacar las vacas por la calle para llevarlas al monte y ahora en mi barrio de Palma, hay dos fincas con gallos que se hablan toda la noche y parte del día, son cosas a las que te acostumbras pero como bien dices, lo de los perros en las urbanizaciones es una locura, no entiendo como aguantan algunos a los perros de su vecino que cada vez que pasa una mosca ya se ponen a ladrar como locos todo el día y toda la noche, no se a que llaman descanso y tranquilidad.
    Un saludo amigo Manuel.

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