Si a los españoles nos encanta preguntar, imagínate a un gallego

Si a los españoles en general nos encanta preguntar, a los gallegos, que cuando nos preguntan respondemos con otra pregunta, imagínate; eso no lo entiende ni la civilización maya, ni la griega ni la romana ni la otomana, pero no por separado, no, todas juntas.

A los gallegos nos gusta preguntar en cualquier sitio, pero donde los bordamos, donde somos lo más de lo más es en las estaciones de autobuses: allí nosotros nos crecemos, somos los números uno.

Tú eres de Madrid, Barcelona o Valencia…   pues llegas a una estación de autobús, miras el macropanel, que es como un campo de fútbol, y te dices: «El autobús para, por ejemplo, Leganés, Granollers o Gandía, sale a las 14h». Miras, te vas, o como mucho anotas la hora o preguntas por donde están los andenes. Vamos, lo normal.

Nosotros los gallegos no. Nosotros los gallegos, llegamos igual que tú, andando, eso sí, en eso es en lo único que nos parecemos, que llegamos andando, pero luego… nos ponemos frente al cartelón ese y, por ejemplo si quieres ir de La Coruña a Betanzos (unos 20 km) ves que pone: «Salida. 14h». Pues ya pueden ser las letras y los números más grande que la Torre Eiffel, que vendrá uno y te dirá: «Y mire, el de Betanzos sale a las 14 h ¿no?». «Sí, lo pone ahí, a las 14h», respondes todo educado.

Y entonces, la primera en el cerebro. «No, ya, es que a veces… ». Como que a veces, si pone a las 14 h es a las 14 h, que cree que los horarios los ponen si a voleo, que tiran los números al panel y como caigan…

Y si esto ocurre donde están los horarios, abajo, en los andenes, donde están los autobuses, aquello es como la lonja, como el bingo, como un sorteo; un cristo que no veas: unos para un lado otros para otro, unas maletas para aquí, para allá, bolsas con grelos, con patatas. La India pero en pequeñito, sabes…

Allí da lo mismo que los autobuses pongan en el parabrisas un letrero con el pueblo a donde va o que lo escriban a lo largo de toda la carrocería. Da lo mismo, llega uno, y directo al conductor: «Mire, este va a Betanzos», «sí», responde el hombre. Entra el siguiente: «y dijo Betanzos ¿verdad?»; y el siguiente «ya oí que es el de Betanzos ¿no?»; y otro «entonces va a Betanzos… »; y uno más «¿a que es el de Betanzos?».

Yo te lo juro que no sé cuantas expresiones puede haber para preguntar lo mismo pero con formas distintas, pero he visto a más conductores cansados y agotados de decir «sí, sí, sí, sííííííííí», que de hacer la ruta Vigo – Algeciras sin parar.

Yo soy ellos y pongo un megáfono en el techo del autobús y grabo a todo trapo: «¡¡¡¡¡Que sí, joé que síííííííí, que va a Betanzoooooos, ostiaaaaaaassssssss, pero queréis subir ya de una puta veeeeeeezzzzzz!!!!!!».

Y cuando subes, ya puede tener el autobús 734.458 asientos, y todos vacíos menos uno, llamado isla, que justo al lado, pero al lado te encontrarás al que te preguntó frente al panel de horarios y te dirá: «Ya me pongo aquí y así bajo cuando usted, porque este es el de Betanzos ¿verdad?».

Y te lo juro que lo primero que haces es mirar si te has puesto en cualquier ventanilla o has tenido la gran suerte de estar justo en la que dice «socorro», por que si esta, te dan unas ganas de coger de martillito, destrozarla, hacerla añicos, saltar por ella y coger cualquier autobús aunque termines dando la vuelta por Mirinzos o Antequera para ir a Betanzos… Y me da que si lo haces, entras y te encuentras a alguien que te dice: «Hola, soy el de los horarios, este también va a Betanzos ¿verdad?». Pa morir.

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Cultura sí; pero no tanta, hombre, no tanta

A mí esto de la Cultura no creas que me va mucho. Me va pero en dosis. Tú por ejemplo vas a Santiago de Compostela y te quedas con la imagen del Apóstol y el Botafumerio y ya vas servido. Vas a Sevilla… la Giralda; a Granada… pues con la Alhambra ya incluso te sobra, que allí dentro de las murallas está que si el Generalife, que si la Sala de los Abencerrajes, que si el Patio de los Leones… ¡¡¡ pero qué más quieres !!!.

Pero vas al museo Thyssen, por ejemplo, y porque no te importa que la Tita esa todavía viva mejor a tu costa, pues un lío. Yo pensaba que no, porque cuando fui leí en unas plaquitas: Picasso, Velázquez, Goya… y lo primero que me dije fue: «Ya es casualidad que todos decidieran enterrarse aquí con estas lápidas tan chulas»; pero luego me dijeron que no, que no eran nichos ni lápidas, que eran cuadros y me monté una melé mental… ya ni sabía qué cuadro era ni de quien.

Yo pensaba que me había quedado con la esencia del museo y que si alguien un día me preguntara «¿Fuiste al Thyssen?», pues le diría todo ufano: «Sí, claro; allí están enterrados… ».

Pues no, ni uno enterrado allí, lo que están son sus obras y no sé quien dijo eso de «por sus obras los conoceréis», algún despistado fijo, porque yo… es que ni uno oye, ni uno llegué a conocer. Es que no es solo una o dos obras, ¡¡¡ que va !!!; allí fácilmente habrá, y tirando por lo bajo, pues entre 1.200 o 2.403, una burrada…

Y cómo tu coco va a asimilar tanta pintura, tanto cuadro, tanto colorido, tantas formas… imposible, pero imposible; aunque las estudies, aunque las chapes, como mucho como mucho, pero muchísimo, te quedarán 5 o 6, no más.

Y claro con 5 o 6, entre 2.403, adonde vas… a la nada, a la marginación cultural, porque siempre vendrá uno que te dirá: «Viste en el Thyssen el Díptico de Maerten van Nieuwenhove, de Hans Memling… », ¿van Nieuwenhove, van Nieuwenhove? que vasver que vasver o me ves cara de idiota…

Y entonces casi es mejor que en vez de decir que no sabes, comentar que el próximo mes vas a ir al Thyssen; pero en confianza, no lo hagas, porque aunque te chapes 224 o 744 aún te quedarían unas 1.700 y aún así alguien te preguntará si conoces «Paisaje con el descanso en la huida a Egipto, de Joachim Patinir, con técnica de… ». De verdad; en Sevilla, la Giralda; en Granada, la Alhambra, y en Santiago el apóstol y vas que chutas. ¿La cultura?, sí, hombre, sí, pero no tanta, no tanta.

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Por fin descubrí quien te puede hacer feliz

Mira que se ha buscado a través de los siglos y siglos como hacer feliz a la gente, como conseguir que si no ría, al menos que sonría y darle un momento de felicidad, aunque sea solo un instante.

Pues ayer, sentado en las escaleras de un atrio de una iglesia (ya ves tú lo que es la vida) lo descubrí, y quién me iba a decir a mí que para ello solo se necesita un autobús; sí, un autocar, nada más, así de sencillo: un vehículo de esos largos de cuatro ruedas en el que todo el personal va como en pandilla pero que por los caretos que ves, como que no.

¿Que cómo me di cuenta de este hallazgo, que como otros, han cambiado mi vida, mi existencia? Pues muy de mañana, sin estar seguro de si me hallaba durmiendo o despierto, como medio ido pero como que a la vez había vuelto, fijándome en nada pero como que en todo; en ese estado que no es estado ni nación ni país ni ná, en un yo que sé que no sé yo, y que si estoy pero para qué estoy… vamos, confuso, en una palabra, que ya la podía haber dicho antes, verdad… pues ahí me di cuenta.

Mira, tú eres busero, estás en la parada, pones la primera, arrancas, no recorres ni tan siquiera un metro, ves a alguien que se acerca corriendo, que te hace señas de que pares, frenas, abres esas puertas que hacen fisssshhhh y… ¡¡¡¡ alucinante !!!! una sonrisa ves en la persona que entra… pero una sonrisa y una dentadura… ¡¡¡¡ Dios que sonrisa !!!! ¡¡¡ Dios si pilla un churrasco !!!!

Es tal la satisfacción, el éxtasis, el agobio que se quita de encima cuando el busero para y sube…  es de tal magnitud la alegría que se lleva, que yo, por ver contentos a los demás, estoy por hacerme busero y si tengo que salir de la parada, por ejemplo a las 14.15, pues de las 14.00 a 14.15 me paso todo el rato haciendo amagos de que arranco, que con tal de ver a la gente alegre… lo que sea.

Y fíjate si haces feliz al personal, que me da, porque me da, que si comento el tema a todos los que ya están en el autobús, pues que se empatan, que no salimos y que somos capaces de pasarnos pues tres o cuatro años todos allí juntitos y tan a gusto viendo sonreír a los que van subiendo.

Mira que parecía complicado esto de hacer feliz a los demás, mira que le han dado vueltas desde hace siglos sobre cómo conseguirlo; y si te soy sincero, pensar que era tan sencillo, nunca tal pensé, ay no no, como te lo cuento.

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Gallardón, el hombre que hizo una ley para Oriente Medio

Normal que se fuera, que dejara su cargo, y normal su anteproyecto porque teniendo en cuenta que, como el mismo dice, llevaba 30 años en política; pues Gallardón vivía en eso, en 1984; y claro, pues su anteproyecto en 1984, solamente nueve años después de la muerte de Franco podía tener un pase, pero para el 2014…

Pero lo que le ha pasado a Gallardón le ocurre a muchos cargos, que de tantos años en política viven fuera de la realidad. Si Gallardón fuera a varios edificios de 10 plantas en España, no en Oriente Medio (que es para donde creo que hizo el anteproyecto) pues muy probablemente hablando con el personal sabría la realidad del ciudadano de a pie, lo que piensa, lo que quiere y desea.

A buen seguro que en varias viviendas encontraría a alguien que ha tenido que abortar, le explicaría en detalles los motivos y las causas, los traumas, y en vez de teorizar y redactar un anteproyecto en un lujoso despacho, igual con unos apuntes en una boca del Metro podría ser suficiente.

Pero claro, yendo todos los días como un zombi a una sede del partido, preocupándose de si escalas o no posiciones en las listas, si se trepa mejor por aquí que por allá, y que si me dan una puñalada así la devuelvo asá… ¡¡pues qué le vas hacer!!, que te distorsionas, que descontrolas y ya no recuerdas la última vez que saliste a la calle en plan ciudadano normal.

Entonces ocurre lo que ocurre, que un día de casualidad ves el calendario y que no es 1984, que aunque termine en 4 es el 2014, y que treinta años en el limbo y con un problema que no existía… pues que se notan y afecta.

En fin, que perdemos un político pero ganamos un gran historiador, porque me imagino que escribirá un libro autobiográfico y para contar la década de los ochenta, mejor que él… nadie.

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¿Pero cuándo se celebrará el Día del Silencio?

Hay días internacionales para todo: para el Cáncer, para el Trabajo, para la Paz, para la Mujeres Rurales, para los Derechos Humanos, para… yo que sé, seguro que para el Ibuprofeno; ¿pero no habrá el Día Internacional del Silencio y si no es internacional por lo menos nacional, local o en casa?, ¿no habrá un día en el que no haya Internet, ni móviles, ni teléfonos, ni televisiones, ni radios contándonos que es genial tomar un vaso de vino al día, el pescado blanco, hacer ejercicio o chuparse el pie?.

¿Es que no puede haber un día Día del Silencio?. El día de tranquilidad absoluta, incluso ni hablar y como mucho alguna mueca, pestañear o parpadear… pero no es posible que no haya un día, uno solo, aunque sea cada cuatro años, que no tengamos que oír al Rajoy, al Artur Mas, al de Guindos, a tu vecino a tu vecina o al BCE de los bemoles y que si el paro sube o baja y que si el Ibex llega o no a los 11.000 puntos o que en la Universidad de «jayogua» han descubierto que la oreja, si, tú puta oreja era más pequeña que la de un neandertal…

Pero no puede haber un día dedicado al Silencio, pero de tal silencio, de tal mutismo que hasta el gilipollas del ñu no cruce el río porque siente a los cocodrilos, en el que quiera pensar que piense, el que quiera dormir que duerma, al que desee perder el tiempo que lo pierda, el que quiera soñar que sueñe o el que quiera despeñarse que se despeñe pero eso sí, en silencio y ni cartita al juez ni leches…

Pero no habrá un día en que estemos todos calladitos, pero todos, como una especie de lavado mental para liberarse de tanta bobada que se escucha, que se lee e incluso se dice y digo… muditos, pero muditos todos….

Os lo juro que si un día se celebra ese Día del Silencio me apunto y lo primero que haría sería dejar de darte la vara con mis artículos, que también de ellos debes estar hartito, y no me digas que no, que a veces hasta lo estoy yo. ¿Es tanto pedir un día, un solo Día del Silencio? Pues mira, yo mañana empiezo, no voy a decir ni mu. ¿Qué? shhhhhhh….

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Entiende tú a un gallego, porque yo… dimito

Supongo que a vosotros os pasará lo  mismo que a mí; que si eres de Cádiz, Jerez de la Frontera, de Chipiona, Sevilla o Granada, amas tu tierra, ni más ni menos que como yo adoro la mía, Galicia, pero personalmente creo que en la mía hay algo muy singular.

No son las rías, ni que el agua esté electrificada, ni que de cada 10 barcos que pasan se hundan 9 y al que arriba le aplaudamos, o que los políticos de Madrid solo vengan a bañarse en verano y no se ahoguen… que también es otra desgracia… no; lo peculiar, lo singular de Galicia somos nosotros, los gallegos. Nosotros somos muy especiales.

Tú conoces a un gallego que ha estado en la emigración y te dice: «Pues estuve 20 años en Suiza, en Sachseln (un pueblo de unos 3.000 habitantes, no creas tú que más) y entonces añade, como si Sachseln pues estuviera ahí al lado, «¿lo conoces?». Y tú que te quedas así en plan de «como voy a conocer Sachseln si aún estoy pensando si la capital de Suiza es Berna…»; pero para el gallego decir eso es normal, como si todos hubiéramos estado allí, y hasta te observa como pensando «mira que no conocer Sachseln… ».

Y entonces, para darte referencias añade con un tinto en la mano y la barriga rozando la barra con un jersey a lamparones: «¡¡¡ Sí, hombre !!!!, que está al lado de Giswil  (otro de 3.000 habitantes) que vas por allí y das  a Lungern… (este ya de 2.000)» mientras pone cara de que te da  por imposible y lo máximo que tú dices es: «Bueno, ese último sitio me suena», que lo dices pues yo que sé ya porque lo dices, supongo que por que tienes habla que por otra cosa…

A mí cuando me ocurre esto pienso: «Pero este que me habla es un gallego que fue a Suiza, o (como estamos siempre en grupo donde sea como si montáramos un país paralelo) será un suizo que ya de pequeño se empató tanto con los gallegos y cree que es gallego y aún recuerda algunas imágenes, algunos sitios de Suiza de cuando era niño suizo… ».

Y claro, como el gallego no es tonto, porque lo verás así como que no se entera, pero no se le escapa una y es un lince, te pregunta «¿E ti… e ti en qué traballas?». Y entonces dices que eres periodista y no falla; se da como media vuelta, con un giro que sí, que parece va a terminar en el Sachseln ese, te vuelve a mirar, se inclina y te suelta mientras a la vez mira al dueño del bar: «Carallo, e ti estudiaste e non sabes onde está Sachseln… ».

Y te quedas como que eres bobo, que igual lo eres, y mientras te autoanalizas igual nunca sabrás si realmente eres bobo pero bobo de verdad, pero que el Sachseln no se te olvida en la vida… y así, pues poco a poco, como que vas conociendo Europa. Sachseln, Sachseln… ya te vale.

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¿Te acuerdas cuando solo hablábamos del pa amb tomàquet?

Le llaman «fractura social»; pero bueno, eso es como la diplomacia estadounidense, que cuando dice «cierto malestar», al día siguiente vas a dar una vuelta por tu ciudad, crees que está nublado y no, lo que está es cayendo son como unas 700.000 bombas y alguna tonelada de alimentos para que hagas boca por lo que aún va a pasar.

Pues en Cataluña, me da que es lo mismo, que la «fractura» va a terminar como el rosario de la aurora, con un mosqueo más que generalizado y una paranoia enfermiza hablando siempre de lo mismo: Independencia.

Y es que ya es tener mala suerte, oye. Mira que solo hay una vida, pero solo una, y ¡¡¡hala!!!; en vez de estar más o menos tranquilo como todos, con esos problemas cotidianos que son la chispa de la vida… pues no, das con un iluminado como Sir Artur Mas y te monta un bacalao en la cabeza que no paras y más que una chispa lo que tienes es una bomba intercraneal a punto de explotar.

A mí últimamente los catalanes se me parecen muchos a los argentinos (que como todo el mundo sabe es gente muy parca en palabra) y cuando antes te hablaban del Barcelona, de la industria o de la cultura… pues ahora, de la independencia, de la soberanía, de que son y no son o que dejan de ser pero a lo mejor serían… y tú, que eres gallego, extremeño o andaluz insistes en que no le de vueltas, que si vamos de tapas o de vinillos y pelillos a la mar. Pues no: independencia, idependencia e independencia. Monotema

¿Dónde están aquellas conversaciones que unían tanto en la cocina de si al pa amb tomàquet se le echa más o menos aceite o más o menos tomate? ¿o si la tradición de los ninots tiene su origen en esto o en aquello? A tomar viento la diversión, llegó el Comandante Mas y mandó parar; aunque igual, quien te dice a ti que lo ascienden a Coronel y no hay quien le escriba, en la cárcel, claro.

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