Tres curiosos refranes

Estos de los refranes tiene su cosa y, personalmente, hay 3 que tienen su punto.

El que más me gusta: «En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso»

El que digo a los jóvenes: «Presencia y buenos modales abren puertas principales»

El más bruto y machista: «El vino en bota y la mujer en pelotas»

¿Sabes tú algún otro?. Feliz vacances

 

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Poema: Un día

UN DÍA

Suena la radio,
el reloj sigue marcando las horas
y la pared está igual que siempre,
blanca.

Hasta en el suelo puedo ver un papel
que lleva ahí dos días,
y el cenicero está lleno de colillas.

El humo juega en el vacío,
la llama del mechero sigue siendo amarilla,
la mesa está igual,
llena de papeles;
y fuera,
en la calle,
un coche pasa lentamente.

A lo lejos una luz de un edificio se apaga,
la luna no ha cambiado de sitio,
una nube la atraviesa
y el sol saldrá mañana;
pero todo,
absolutamente todo
es diferente,
has llegado tú.

A mis hijas Alejandra y Victoria

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Una nueva fórmula para vender libros, aparte de morir

Estaba yo pensado que como no se lee, como nadie compra libros… ¿y si en vez de escribir y vender libros vendo litros/libros?. Sí, litros, litros de lo que sea con artículos diluidos, te lo bebes e igual te queda algo, por lo menos te tendrás que leer la etiqueta del envase, supongo.

No sé, a lo mejor así las editoriales salen adelante y nosotros no nos morimos de hambre o pasamos de la triste mortadela (el fiambre pobre del ultramarinos) y alcanzamos el éxtasis con una loncha de jamón; ya sabes, un pequeño paso para el hombre pero uno inmenso estomacal.

Yo creo que esta puede ser la solución mientras vas pagando el féretro a plazos. Vas a una litro/librería y dices: «Me pone un litro/libro de Guisande, cualquier litro/libro, que es para que no muera», y el vendedor que te aconseja: «Pero mire bien, que ese… ese se sube mucho, coloca una barbaridad, yo le aviso».

Y tú, que eres un buen tipo, contestas: «Ya, pero deme un litro/libro del Guisande ese, que ayer lo vi y está el pobre de delgado… no creo que pase de este invierno, no creo, no, no». Y entonces, pues te sirven en el mostrador un litro/libro y te pegas unos lingotazos a morro mientras lees la etiqueta.

Además (hombre sé que es jugar un poco con los sentimientos) cuando vayas a una librería no te encontrarías con las típicas cubiertas de libros/litros con los títulos, sino con toda una serie de fotografías de los autores en la pared, en fila, a cada cual más esquelético por orden de peso, y según quien veas más demacrado…  «deme un litro/libro de ese Fernández Ridueño, que pone que mide 1,80 y pesa 44 kilos». Y entonces el vendedor, que baja la cabeza y dice: «Perdone, acaba de morir, y cuando entró usted iba a retirar la fotografía, pero…».

Entonces, pues ya no pides por autores, sino por kilos: «Para una fiesta de diez… para una fiesta de diez…. póngame dos litros/libros de 44 kilos, otros tantos de 55 y cuarto y mitad de 67, que ese aún bien aguanta unos meses», y añades «Perdone, y este de 1,90 y 20 kilos, y ese otro de 1,94 y 25 kilos…», y el vendedor, que es un profesional, te dice: «Ah!!, es que esta usted en la sección de Clásicos, ya fallecidos, que son los de la temporada pasada».

Y oye, te llevas la litrada/libro esa, algún clásico para que reciban algo los herederos (lo digo porque se dan casos de escritores que pueden alimentar a sus hijos), lo pasas que ni Dios en la fiesta, y nosotros… pues nosotros comemos y pagamos el féretro en un plis plas ¿no?, que también morir y dejar deudas…

@manuelguisande

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Me encantaría vivir «El momento taxista»

A mí me encantaría vivir el momento taxista. No el de tener como en Madrid un carril para ti solo e ir a toda pastilla adelantando coches y más coche pasando de atascos… no; ni el de tener siempre sitio propio en las paradas… tampoco; ni tan siquiera eso de detenerse en cualquier lugar y que el personal lo comprenda… ¡¡¡que va!!!; y ya no te digo moverse un metro y cobrar 2 o 3 euros… que eso debe ser lo máximo… pues ni eso.

Entonces, ¿cuál es ese momento taxista que me encantaría vivir, que tanto deseo, que sería mi plenitud? Estar en la parada calentito y tranquilo leyendo el periódico o con una tablet esperando a que llegue un cliente… pues tampoco; salir y echarse un pitillito con los colegas… no; arrearse un bocata de chori y luego sacar de termo y tomarse un café…. que casi en vez de un coche parece que estás en un chalé y con piscina, que si estás en Galicia, con lo que llueve, es como si la tuvieras…. pues neniño, no.

El momento taxista, el auténtico momento taxista que añoro es cuando el profesional del volante sale del coche, y mientras el mundo arde, el Ibex baja o sube, un millón de tíos se preguntan qué pasó con el avión de Malasia, y otros cinco sobre lo que dijo el Papa o el Banco Central Europeo… él, con un pañito de Cadena Cien, le da lustre a la carrocería, se separa unos metros, gira la cabeza, mira hacia un lado, hacia otro, se agacha como si jugara a golf y… ¡¡¡¡¡nooooo!!!!! ¡¡¡¡una motita de polvo en la puertaaaaa!!! ¡¡¡¡una motitaaaaaaa de polvooooooooo!!!!, y allá va él, trapito en mano a quitarla.

Y luego….. luego, no falla. Una mirada a las ruedas, otra mirada más y… en plan torero, citándola, como si estuviera en Las Ventas, patada que te crió a ver cómo está de presión; que esto si que es alucinante, le da el tío una coz y ya sabe si el neumático lleva 2 kilos, 2,200 o 2,500. Ni en Ferrari consiguen eso.

Como tampoco falla lo de abrir el capó para ver el motor, y hacer no sé qué; bueno sí, nada, porque qué vas a hacer metiendo la mano en un motor, sin herramientas y solo dos minutos… pues nada; si eso fuera un Ferrari aún, al menos disfrutarías al verlo, supongo, pero un puto Citröen Laguna de diez años, que cojones vas a hacer salvo ponerlo a la venta…

A mí me encantaría vivir todos los días El momento taxista; aislarme totalmente del mundo, comprarme un pañito, mirar el coche de arriba abajo y dejarlo como una patena. Que aparece el avión de Malasia… que aparezca; que no aparece… pues no aparece, mira que no se han perdido cosas; que el Papa dice no sé qué de los matrimonios gays… que diga; que el BCE sube los tipos de interés un 800% o los baja y le sale negativo a -400%… pues que los suba, los baje o los empate, vas a comparar eso con la motita de polvo y el placer de acercarte a ella con el trapito y tal cual la ves… ¡¡¡zas!!! y el Laguna como nuevo…

Sinceramente, El momento taxista es lo máximo; con decirte que estoy por pintar mi coche de color blanco, ponerle un escudo en la puerta de cualquier ciudad, un número, y esté donde esté encender la luz verde indicando que está ocupado y que no me mareen…

@manuelguisande

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¿Hay algo más raro y más alucinante que una mujer?

Hay algo más divertido que las mujeres, hay algo tanto distinto a los hombres (inclúyase toda la fauna africana, zona sur-suroeste, y parte de Malasia), hay algo que aunque te pases más 1.500 años viviendo te pueda sorprender más que una mujer… definitivamente no.

Ni la Warner, ni PortAventura, con 7 años es más alucinante, divertido y flipante que una mujer, no lo hay. Y esto viene a cuento por un asunto de un traslado, porque un traslado, cuando eras joven y vivías solo, pues era eso, un traslado, y la misma palabra lo decía Tras (después, luego, irse, partir, marchar) Lado (otro lugar, otro sito, otro lado); pues con una mujer un traslado no es un traslado en sí;  es… como te diría yo… una mezcla entre, un traslado y una desviación mental, entre un qué pasa y que sucedió, entre un cómo y un por qué, entre un vamos y un por que vienes, entre… la de de Dios, es lo que es un traslado de casa con una mujer.

Ya no te hablo ya de subir cajas como un sherpa y hacer cumbre en el piso en el que vas a vivir, que si tiene ascensor te miras al espejo y te dices: «¿Y qué hace esa mula en el ascensor?» Y descubres que no, que eres tú, cargado como si llevaras alforjas, apoyando las cajas contra los laterales contra los botones para subir o bajar y ganas te da de darle al de auxilio para que venga alguien.

Lo más sorprendente de un traslado es cuando ya en la nueva casa y con más cajas que Zara por todos los sitios, decides, pues yo que sé, clavar unos estantes en la pared, por ejemplo, por eso de hacer algo y elegir el sacrificio humano, no vaya a ser que a ella se le dé porque subas el resto de lo que queda al trastero. Pues eso, cuando estás aún estudiando el asunto, de repente llega ella y te dice: «Traigo algo que te va a encantar» Y tú, que llevas desde las ocho de la mañana de un lugar para otro ¿qué crees es que puede ser? ¿un café?, ¿algo de comer, porque las mulas también comen? No.

Ella, entra donde estás y con una sonrisa que jamás la habías visto ¿qué te trae? Un destornillador. Sí, un destornillador, y te lo muestra como si desde que nacieras estuvieras esperando esa herramienta, como si tuvieras un trauma de pequeño porque lo Reyes no te pusieron un destornillador, como… y, entre nosotros (yo no sé si esto es una indirecta), si lo tienen calculado o es la inconsciencia o es casualidad, pero miras la punta del destornillador… y en efecto, no puede ser otra, es la de cruz, pero claro es la de cruz porque no hay la del calvario que si no… pues también te la traía. Y aún así, la quieres, manda caralllo.

@manuelguisande

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Me encantaría llevar una doble vida, pero…

Pues sí, para qué te voy a engañar, a mí me encantaría llevar una doble vida; pero no es fácil porque en mi caso no puede ser en cualquier sitio. Las únicas ciudades en las que podría serían Madrid y Barcelona; pero yo, acostumbrado a ver el mar, a ver las gaviotiñas aquí en Galicia, y esa mirada tierna/ternera de as vaquiñas en la aldea… qué quieres que te diga, complicado el asunto este porque además, esas urbes son muy grandes, muy incómodas, con mucha gente, con… bo, otra frustración. Apunta Pepe, que una más…

Si yo pudiera superar este trauma de despegarme del Atlántico y viviera en Madrid o Barcelona… pues eso de llevar una doble vida sería más sencillo, sería como vivir en dos dimensiones y entonces tendría dos mujeres y ellas lo aceptarían, ni se mosquearían: Tendría una con la que viviría en superficie, y otra, bajo tierra, en el metro.

Con la de superficie pues haría lo que hacemos todos: saldría a dar una vuelta, a tomar algo, a alguna fiesta, ver unos escaparates, llevar bolsas hasta que te duelan la cervicales… vamos lo que conlleva esto de ser marido; y con la de intramundo, con la del agujero, con la soterrada, sería lógicamente una relación un tanto más profunda, tipo mina, más interna, más filosófica.

Es más, parte de la relación (y eso para mi es vital, que soy muy friolero) iría en función del parte meteorológico. Que hace mal tiempo… pues con la del metro; que es un día soleado… con la de superficie; llueve dos días… pues dos días en el metro; una semana, pues una semana; que un mes… hombre un mes con la del subterráneo no.

Si es un mes tendría que subir para ver como está la de a nivel con barreras (que igual la han atropellado y van con muletas), para saber si está viva o busco otra, pero no por egoísmo eso de liarme con otra y dejar a la difunta… que al entierro iría aunque cayeran chuzos y tuviera que estar por lógica con la del metro.

Que… que soy egoísta… oye, que he dicho subir a ver si la de superficie esta viva, no a matarla, o voy  a tener yo la culpa ahora que la de la planicie se quede fiambre… también es que os ponéis… Y además, y si no lo encuentro porque ha encontrado a otro y está en el metro…

@manuelguisande

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En el fondo soy un antisistema

Yo ya no sé si es porque veo mucha tele, mucho 15M o  demasiados ministros diciendo chorradas (que eso anima), pero el caso es que he descubierto que soy un «antisistema». Sabía que dentro de mí había una fuerza interna; notaba unos síntomas, unas sensaciones, como unos impulso, un… pero no tenía muy claro que era, si era una enfermedad o si era fuerza bruta… aunque midiendo 1,80 y rozando los 70 kilos ya me daba que no, hasta que lo descubrí, y fue ayer.

Ayer, a eso de las siete o siete y cuarto de la tarde, más o menos,  en un momento de claridad mental encendí la radio, y cuando lo normal sería escucharla… pues no, bajé todo el volumen hasta no oír nada, empecé a pasar las cadenas pero sin escucharlas, y una alegría…. a la vez que me decía; «habla habla que a mí… ». Y por cierto, que esto no tiene que ver con el artículo, qué sensibilidad tienen ahora las radios estas que son digitales, ¿verdad?, te despistas, casi ni la tocas y van a toda leche a programas y más programas…

Bueno, a lo que iba, tanto gusto le cogí a esto de las ondas hertzianas que, pues que me empaté y por eso de las ondas encendí el microondas y no puse nada dentro, estaba tan feliz rompiendo las normas establecidas… entonces me crecí, y así en un pensamiento interno me dije: «¡¡Ya verás ahora!!».

Puse la radio a todo volumen emitiendo noticias, encendí la televisión, la puse también a todo trapo en un telediario y dejé al tipo de la radio y al de la tele frente a frente, abrí la puerta de casa y mientras salía me decía «allá os entendáis los dos».

De vuelta a casa, los dos (el de la tele y la radio) seguían rajando; yo los dejé a su bola, me senté, me fumé un cigarrillo al revés, encendiéndolo por la boquilla, y una sensación de sentirte alguien, sabes… como de encontrarte contigo mismo.

Y así estaba hasta que entró la sioux, mi mujer, a la que no me dio ni tiempo decir que era antisistema; bajó inmediatamente el volumen de la radio y el del televisor, luego me preguntó por los niños, si habían llamado y a punto estuve de preguntarle al de la radio o al de la tele si sabían algo de las criaturas, pero no dije ni pío porque ¿sabes?, me parece que dicen que van a venir unos días de frío…

@manuelguisande

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