Los curiosos «escoltas» mexicanos

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Que México es peligroso lo sabe hasta la prima hermana de Hernán Cortés, por eso, algunos alumnos que iban al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, lo hacían con escolta.

Los llevaban a la puerta del campus y luego los recogían. Yo no sabía nada de esto hasta que un día me encuentro una fila como de ocho coches aparcados en la acera, algunos con cristales oscuros y blindados, mientras la policía, metralleta en mano y dedo en el gatillo vigilaba la salida de los universitarios.

Ni que decir tiene que yo, con cara de idiota, me quedaba observando a los policías uniformados de negro ataúd, mientras supongo que me miraban a través de sus gafas oscuras en plan «este gilipollas…», pero son cosas que ocurren cuando viajas y tiras a parvo. La vida misma.

El caso es que lo de los automóviles aparcados y los agentes no me sorprendía mucho porque para entonces, en el periódico Milenio, ya había leído que se habían cargado en una semana a cuatro personas y ya estaba esperando la segunda edición del diario para ver si me había pasado algo, como no me entero…

A mí lo que no me pegaba era ver a tipos tan grandes con tanta cara de bestias en esos vehículos, como que no encajaban, como si a mí me pones a trabajar, por ejemplo. Así que pregunté hasta que me dijeron que no eran los padres de los alumnos, sino escoltas (pocos, obviamente), con lo cual decidí ni pedir fuego para encender un cigarrillo, no fuera a ser que me acercara sin querer a un escoltado y me lo encendieran a balazos.

Claro, esto de los escoltas me hizo cavilar. Lo primero que pensé, para variar, fue una estupidez ¿y si me hago escolta de mí mismo llevando a medio metro y agarrado con un palo en el pie un espejo de mi tamaño y aparezco reflejado? ¿y si en vez de un espejo llevo un dibujo de un fortachón con todo tipo de cicatrices?

Pero esta idea la deseché, no porque no le viera posibilidades, que uno es muy terco, aunque ahora a la terquedad le llaman tenacidad, sino porque andar dando pasos con un tablón pegado al zapato… complicado.

E inmediatamente dejé de pensar en ello cuando me comentaron que había gente que se hacía colega de un macarra simpático, grande el tipo como un autobús, le pagaba todas las copas, unos 100 euros al mes, y te llevaba a todos los sitios que quisieras; o sea, que era un escolta temporero, como los de la fresa, pero a ostias (perdón por la palabra)

Yo me enteré tarde de este sistema de protección, pero si por lo que sea el próximo año vuelvo al Tecnológico, del aeropuerto me voy directo a Comisaría, contrato a uno de esos que tienen unos tatuajes tan grandes que te puedes ocultar en ellos en caso de peligro, y ya pueden ir temblando los Cárteles; bueno, tanto tanto no, pero que en vez de tiros me lancen dardos… pues a lo mejor sí.

………………..

Mi último libro: Tonterías escritas en momentos de estupidez

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6 respuestas a Los curiosos «escoltas» mexicanos

  1. Elsa dijo:

    Manu, cuantas cosas habrán pasado y tu sin enterarte??…… Y solo viste los guardaespaldas?? No viste mas cosas normales?…….para lo que es vivir allí.
    Un Aperta!!!

  2. Jajajajajajajaja y más jajajajajajajaja si nomás es cosa de pedirle a la Virgen del Chongo Parado que te cobije bajo su manto protector a prueba de balas y asunto arreglado jajaja.

    Esos mastodontes de los que hablas no son sino descerebrados con ganas de tirar golpes a quién se les quede viendo feo. Por eso yo ni los miro. No vaya a ser el diablo y me confundan con cualquier enemigo de algún hijito de papi de los que suelen asistir a este Colegio nice del norte del país.

    Saaluditos

  3. René dijo:

    Hola Manuel, que alegria verte entre deportistas, pero no te olvides de los demás hombre que no solo juegan los escoltas, tambien tienen su mérito los bases, los aleros y los pivots.
    Que buenos son los mexicanos jugando al baloncesto, y tú ya sabes a verlo desde las gradas ehhh que lo de las pelotas no te va.
    Un saludo.

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