Si hay guerra… yo, francontirador

Hombre, no creo que pase nada pero si un día hay guerra en España a mí me encantaría ser francotirador, porque eso de ser francotirador tiene su punto, se mire por donde se mire, telescópicamente hablando, porque lo de la avanzadilla… como que no va conmigo.

Vas caminando… te cansas; llueve… te empapas; hace sol… te asas; y al día siguiente, el general de turno cambia de coordenadas y para el otro lado… y es que así, así no es plan, si no plantas raíces en lo que es tu trabajo, aunque sea en la guerra, más bien parece que vas como de acampada con los Boy Scouts. No es serio.

Un francotirador, pero un francotirador que se precie es otra cosa, es otro nivel. Tienes casa, en ruinas, sí, pero casa, y con pocos metros cuadrados te arreglas, con tal de tener un ventanuco para disparar…

Yo soy francotirador y que te diría, con una salita de 3 x 2 me apaño; y poco a poco, pues la voy arreglando. Que si aquí un mueblecito de un edificio abandonado, que si allí una mesita, que en esta esquinita una lámpara de pie, que si un chinerito…  pues vas formando un hogar, un poco en soledad, eso sí, pero lo vas formando.

Y luego pones una cama y a esperar, y no eso de andar por ahí, a lo loco, con 300 tíos más a tu lado oliendo a sobaco, escuchando broncas porque si el sargento dijo que fueras tú y no yo, que si este no sabe cocinar, que si… ¡¡venga ya!!; yo para eso, yo para eso no sirvo,  pero para francotirador… que hay que pegar un tiro… pues se pega, no se va a pegar… bo.

Yo, por ejemplo, soy francotirador, miro por la ventana y si veo al enemigo justo enfrente y sé que no fallo si disparo… pues no me mola. Eso no me parece de profesionales, eso es… ¡¡bah!!, prefiero no pensarlo.

Yo soy un caballero, y como caballero que soy pues ¿sabes esos que ponen los dedos en la boca, que la abren como un buzón y pegan un silbido estruendoso? Pues yo igual, y cuando el enemigo lo oiga y me vea, o a gritos o por watsapp le digo «pero joé, tío, escóndete, es que así… también tú… ».

Y en cuanto se haya escondido, escudriño por la mira telescópica y cuando lo encuentre entre unas maderas y que solo puedo darle por una rendija… pues nada de disparar, así a lo bruto.  Oteo los edificios de la zona, busco donde hay planchas de metal y (como el billar) estudio como disparar, dar a tres o cuatro metales y hacer carambola intentando alcanzarle.

Oye, que después de muchas fórmulas matemáticas, haciendo un plano a escala de la zona, analizando el grosor de la chapa, la velocidad de la bala, el ángulo del disparo y otras muchas variantes, que no le das, pues quien no tiene un fallo… que le das, pues inmediatamente te acercas a él y lo curas, no vaya a ser que se te muera… que una cosa es la guerra y otra muy distinta matar a alguien, de eso.. ni hablar.
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LIBROS DE MANUEL GUISANDE

Rodribico (Edi Baia. Colección de 5 cuentos infantiles, castellano, portugués y gallego) Al fondo a la derecha (Edi. Cumio. Artículos, más otros del blog) y En tu línea (Edi Cumio)

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