¿Ir de picos pardos?

¿Cómo fue la primera vez que fuiste de picos pardos?, ¿ocurrió tras una decepción amorosa?, ¿en el año negro después de una separación?, ¿un día de fiesta?, ¿una casualidad?. Pues neniño, no sé que como decírtelo, porque la palabra violaciooo… pues como que no; pero a mí me forzaron, pero como soy un caballero, no lo denuncié. ¿Me iban a creer?, no, porque, además, ¿cómo se lo iban a creer si ni yo mismo me lo creía?. ¿Y en dónde sucedió esta inesperada y rocambolesca historia que no me marcó para nada, pero para nada?.

En La Coruña, en Vigo, fuera de Galicia, en Ponferrada; más lejos, en Madrid; un poco más, en Málaga… pues no, más todavía, en Casablanca, ya ves tú, a unos 2.000 kilómetros de mi casita, de mi camita. Y cómo comenzó todo, cómo sucedió para ir a un país y terminar…

Todo empezó en un restaurante

Pues estaba cenando con mi amigo Juanmi en un restaurante de la avenida Mohamed V cuando escuchamos una pequeña discusión entre un camarero y una chica que estaba sola en una mesa, a unos diez metros de la nuestra. Lo normal sería no hacer caso; pero claro, eso sería lo normal, y como eso de la normalidad no va por lo visto mucho conmigo, decidimos muy caballerosamente invitarla con una sola intención: que tras la cena nos enseñara Casablanca la nuit.

Bastó una sola señal para que sentara en nuestra mesa y tras hablar a qué se dedicaba le propusimos que no enseñara cómo era la noche en Casablanca. Entonces surgió la primera sorpresa porque entre que mi francés no es ni era perfecto y que la respuesta fue en plan «pero oigo lo que oigo…» dijo algo así como: «No puedo ir con vosotros porque la policía me sigue». Joé, pensé, pues si te sigue a ti, a nosotros no es que nos siga, sino que ya nos estarán esperando en comisaría desenfundando los látigos para dárnoslos a pares y para mí que la taza de té hasta tembló.

Un secuestro, un coche negro

Tras quedar meridianamente claro a qué se dedicaba Zaira, que así se llamaba, pensaba que la idílica situación de que nos enseñara la ciudad se había acabado, terminado, y que con «tú mismo y tu mecanismo» no nos quedaba más remedio que aventurarse yendo de calle en calle a ver qué pasaba.

En esto estaba ocupada mi mente, en analizar cómo íbamos a conocer la ciudad alauí, cuando Juanmi me miró y me espetó algo así: «Pues vete con ella, que es una aventura». Yo lo miré y antes de que me diera tiempo a decir nada, la joven me cogió de la mano, me llevó a la calle y como si fuera un secuestro, un tipo alto me abrió la puerta de un coche negro y si te digo la verdad, no sé si entré o me introdujeron.

«¿Pero adónde vamos?», pregunté. Y mientras ella sonreía yo empezaba a ponerme nervioso porque veía que nos alejábamos del centro de la ciudad, que cada vez se veían menos luces, menos farolas, y que íbamos por una carretera sinuosa, bastante más sinuosa que ella, te lo juro, como que te lo juro que desde entonces adoro las líneas rectas.

No es que la familia de Juanmi, mi amigo, sea muy muy numerosa, pero con esa idea que tuvo de la aventura empecé a acordarme de cada uno de sus integrantes hasta el siglo XVII, momento en que el coche se detuvo en una zona que me pareció que debería ser el puerto por el olor a mar y porque a lo lejos veía unos barcos con las luces encendidas. La chica salió del vehículo, a mí me abrieron la puerta (que si me la llegan a encerrar mejor, pero no, era para salir), y así lo hice y me encontré a dos jóvenes y supermusculosos negros en la puerta de una casa, haciendo, supongo, de guardias de seguridad.

Miedo en el puerto

Desde el exterior se veían unas escaleras empinadas, como unas veinte, que llegaban como hasta el cielo y que ella subió como una gacela mientras yo abajo le decía: «¡¡¡ No, no entro, baja, baja !!!». Y mientras los fornidos negratas me decían «non problem, non problem», yo pensaba «¿pero cómo que «non problem, non problem»?, esto es un «tremend problem». Y a la vez me decía: «Pero si aquí como quieran lo de menos es que me roben, sino que me hacen desaparecer y del Guisande nunca más se supo».

Entre los negratas con «non problem», yo muerto de miedo diciendo a Zaira que bajara, y ella diciendo que subiera… parecía que el tiempo no pasaba, pero pasó, y uno minutos más tarde la joven bajó; nuevamente un hombre me abrió la puerta del coche negro, continuamos por una carretera y poco a poco vi que de nuevo que había luces, farolas, y que nos acercábamos al centro de la ciudad, a la civilización, que a mí en aquellos momento como si fuera la azteca, pero ¡¡¡ por dios quería ver a alguien !!!. «¿Aventura, aventura?», me repetía mientras mis pulsaciones deberían estar entre 1.000 y 1.500 y con la familia de Juanmi iba ya por el siglo V antes de Cristo.

Una bailarina moviendo el vientre

Así que ya traumatizado le dije que no se preocupara, que le pagaba igual pero que yo me iba al hotel; no sé si a dormir, a tomarme una tila o robar en una farmacia una caja de ansiolíticos o a suicidarme, pero que de aventuras amorosas… nada, que había venido a conocer Marruecos y nada más. Y en esas estaba, convencido de que toda aquella pesadilla había acabado cuando la joven, que era guapísima, pero que a mí ya poco a poco me parecía menos, me dijo: «No, quiero estar contigo».

«¿¡¡¡¡¡ Conmigo !!!!!?. Ni hablar, al hotel», le indiqué al conductor. Entonces ella le habló en árabe. Claro, yo árabe no sé, pero es que de verdad que hay situaciones en las que no se necesitan idiomas para saber que aquello aún no había acabado. Y claro que no acabó, iba a acabar… a los poco metros el coche se detuvo, bajamos, me cogió de la mano, entramos en un local y de repente me encontré en una especie de inmenso salón en el que (como en las películas) una joven contorneaba su cuerpo y la gente le ponía billetes en sus escasas prendas mientras tomaban té, aplaudían y cantaban. Bueno, aplaudían y cantaban todos menos yo, claro, que no sabía bien ya qué hacer, si llorar o prepararme para ver qué pasaba cuando saliéramos del local.

Tras casi una hora viendo contorneos, salimos y, ni que fuera ministro, otra vez el maldito coche negro. Entonces dije nuevamente al conductor: «Ahora sí que vamos al hotel» Y pasados unos minutos y después de recorrer otra vez varias calles se paró; pero allí no estaba mi hotel.

Un tipo grasiento, una llave

Le pregunté adónde íbamos, y como si fuera un trapo, me cogió de la mano y me encontré ante un tipo trajeado, con gorra grasienta, dándole un dinero y él a mí una llave y…… pues… yyy y pasado el yyyy, al final llegué al hotel, al mío, al de verdad, al que había pagado, el que había contratado, el que amaba, el que sabía que…

Y allí estaba Juanmi, que nada más verme me preguntó por la aventura y cómo había tardado tanto. Le conté todo, pero todo todo porque tenía una angustia que si no se lo decía a él tenía que buscar un médico o un psicoanalista y… bueno, contarle todo lo que se dice todo… excepto que tiene un familiar total, pero totalmente imbécil en el siglo III antes de Cristo

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34 respuestas a ¿Ir de picos pardos?

  1. Cristina de La Coruña dijo:

    ¿Sabéis de donde viene la expresión de “picos pardos”??? imagino que más de uno si, de tanto ir….
    pues antes de la ilustración, existían unas señoritas que pernoctaban por bares y tascas, y se paseaban por calles y plazas “ofreciendo sus trabajos”; y para “distinguirlas” de las demás, la ADMINISTRACIÓN les obligaba a llevar un trozo de paño de color pardo colgado de sus faldas, para que así, los “señoritos o señores” supieran donde dirigirse en caso de “necesidad”.
    Perdonad por las comillas pero GUISANDE es que “este temita”…..ME PONEEEE¡¡¡¡¡ AUNQUE SÉ QUE A VOSOTROS MÁS…………..

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Cristina de La Coruña: No, si al final este artículo va a ser uno de “CONTACTOS”, tal y como lo dice que “te pone” porque el artículo era simplemente describir lo que me pasó. Oye, gracias por la explicación de los picos pardo, que ni idea. Muy curioso. Un beso y… si “os pone”, intercambiar teléfonos casas, camas, almohadas, pero yo… no quiero saber nada 🙂

    • rafael romero dijo:

      Y yo pensando que simplemente era irnos de ligoteo, prometo no irme más de picos pardos.

      • Manuel Guisande dijo:

        Hola Rafa: Ya ves, invitas a alguien y mira lo que puede pasar. Ahora me río, pero cuando estab en el puerto… tela el miedo que pasí. Un abrazo

  2. Cristina de La Coruña dijo:

    ¡¡Cabrón¡¡si eres tú el único que tiene nuestros correos (contactos)
    anda…anda…que ahora aunque no puedas irte de picos pardos, te has convertido en VOYEUR (que no Boyer- el de hacienda)

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Cristina:Pero qué voyeur si no veo nada, como no me pase mirando la @ de cada email y desfase pensando que ese circulo tipo espiral son un tío y una tía enrollados… porque el círculo de fuera, el externo, es O (masculino) y el de entro es A (femenino) ya me dirás…. Un beso 🙂

  3. rafael romero dijo:

    Hola Manolo:

    De la primera ya ni me acuerdo, la última espero que esté por llegar. Casablanca……. que tendrá Casablanca, tócala de nuevo Sam.

    UN ABRAZO

  4. Sonia Pérez Rodríguez dijo:

    Jajajaj…pero mira que me he reído al imaginar tu cara en esa situación del coche, pero es que además quería seguir leyendo por que está redactada de una manera que engancha como una novela de acción y “aventura”, nunca mejor dicho…De todas formas Guisande, ya sé cual es tu secreto, no es la imaginación, no, no, …es que a tí no pasan de sucederte cosas en tu vida, y claro así es fácil tener de qué escribir…Un abrazo, y esta me ha gustado mucho. 😉

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Sonia: Tienes un poco de razón en eso. Desconozco cuál es la razón, pero siempre me han pasado cosas. Unas porque suceden y otras porque veo las cosas desde otro aspecto. Como digo no sé que pasa, pero siempre me suceden cosas y no lo puedo remediar. También es cierto que después de viajar mucho (al menos lo suficiente para mí), pues si no viviera situaciones sorprendentes… mal íbamos ¿no? Un beso, guapa 🙂

  5. sole dijo:

    Pues sí Manuel, que lo tuyo es para hacer una nueva versión de Casablanca. “Tócala otra vez,Sam” y Sam la tocó!

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Sole: La verdad es que ese día pasé miedo cuando estaba en el puerto allí solo, mucho miedo; pero bueno, un día intentaré contar cuando me perdí 16 horas en el mar, frente a las costas de Venezuela; pero a esto darle un punto gracioso… por mucho que me lo planteo me parece que va a ser imposible. Un beso

  6. sole dijo:

    Y…. parece que no estabas de crucero!!. Supongo que ese afán de correr riesgos se te habrá quitado o lo sigues manteniendo?

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Sole: Pues era un viaje de placer… tela con el placer. Cooro riegos porque ni pienso ni planifico, pero pocos, riegos intelectuales, ahora

    • Miguel Buján dijo:

      Sole (que conste que de tantas que sois ya no sé si comportarme con caballerosidad o lanzarme a tirarte de las trenzas como si entre tú y yo ya hubiese entrambos una bientrenzada confianza), yo, a Guisande, lo imagino más bien “entre barrancos”. Comedido y paso lento (que no sedente). Caminando, caminante, tal vez sin saber adónde ir, pero en todo caso con caminos renovadamente amplios. Navegante ya no sé yo, aunque bien cierto es que le viene más que bien el papel de polizón o de oleaje; e inclusive de resaca. Un jinete de oceanos que mantenga una lumbre entrambas manos. Yo lo contemplo, quizás, como el niño aquel de aquel poema:

      “De niño soñaba con ser mar
      y se quedó en caracola”.

      Un acuicultor, eso sí, colosal, que arase mares y sementase inmensos oleajes sobre la superficie del agua de un mundo acuoso, sin un ápice de tierra ni islas donde poder arribar las naves. Así sí lo veo a don Guisande, quizás por esa mala costumbre que mantengo de imaginarme a todo el mundo como seres extraños y gigantescos, capaces de todo e incapaces de casi nada. Del agua de mar venimos, y del fondo de ese mar enorme nos llega no un rumor si no un hambre de leche de madre que nunca saciamos. Guisande, es posible, también podría verse como un pulpo, que como todo el mundo sabe, para alimentarse de sus presas las rodea con sus tentáculos y expulsa sus estómagos hasta cubrir a aquellas totalmente y es entonces que comienza a disolverlas lentamente gracias a sus jugos gástricos. Es lo que se dice una ingesta digestiva, sin ambages ni preámbulos. Y ya saciado el pulpo Guisande huye (o no huye si no navega, despistado) hacia las profundidades de ese mar que lo circunda, llenándolo todo de tinta a modo de palabras que, aunque parezca extraño, en este caso concreto no se las lleva el agua.

      Es por eso sole querida que te advierto. Ojo al parche cuando te dé por caminar con el agua hasta las rodillas por la orilla de las playas. No te alcancen las enaguas esas cosas que deja escritas, Manolito, sobre el agua a ras de agua.

      Ya todos sabemos que esas botellas con mensaje que arriban a las costas son cosas que Guisande va dejando escritas en sus ratos muertos, entre ingesta y tintarraje. Y por despistado, casi siempre nos alcanzan.

      “Mis palabras se adelgazan
      a veces como las huellas
      de las gaviotas en las playas.

      …y las miro lejanas, mis palabras”.

      • Manuel Guisande dijo:

        Hola Miguel: Muy bonito lo que escribes, de verdad que es muy bonito y es un placer leerte. Guisande, no sé si es de mar o de tierra. Guisande, lo sé, es despistado. Y quizás por eso, porque estar despistado es otra forma de vivir, recale en profundidades marítiomas, en zonas terráqueas de dificil acceso; pero amí me da que vivo más bien en el aire yendo de un lado a otro si saber si vuelo, si saber realmente qué soy, pero viendo, siempre viendo, la tierra, el mar, el fuego y el hielo. Un saludo

      • sole dijo:

        Oh Señor Buján, leyendo su curioso escrito, por un momento me retrotraí unos cuantos siglos. Aquellos escritos extensos, poéticos sobre los caballeros andantes.
        Ni que decir tiene que la confianza que a su modo de ver pudiermos tener, de ningún modo está reñida con la caballerosidad. Lo que si necesito una aclaración, si es usted tan amable, ¿porque dice que me tiraría de las trenzas?. No, no es necesario que me conteste, le digo que no llevo trenzas. Dice que tiene la mala costumbre de imaginarse a todo el mundo como seres extraños y gigantescos, yo no podría decirle si es mala o no, pero Don Quijote también tenía esa costrumbre.
        Le agradezco su preocupación, yo me cuidaré de no mojarme la enaguas.Jeje
        Un saludo.

      • Manuel Guisande dijo:

        Hola Sole: Y se se las mojara… un servidor estaría presto para secarlas. 🙂

      • sole dijo:

        Ay!! Gracias Manuel, pero es que me parto de la risa con las enaguas!

      • Manuel Guisande dijo:

        Hola Sole: Yo, tu fuiel servidor, va a ser ahora por unas enaguas…

      • rafael romero dijo:

        Ay Sole, Sole……. tu dale carnaza a Miguel, verás que rápido obtienes respuesta, y no breve conociendo su estilo. Estoy deseando que se anime a crear ese blog y deleitarnos con su peculiar manera de ver el mundo. UN SALUDO

      • Manuel Guisande dijo:

        Hola Rafa: OK

  7. sole dijo:

    Un saludo Sr. Romero
    De carnaza ni hablar, nada más lejos de mi intención, mi admiración por don Miguel crece por momentos. Buena idea lo del blog, yo también le animo.

  8. titaju dijo:

    Y… no seré yo quien pregunte lo que significa ese “y”, pero seguro que ese antepasado imbécil de tu amigo, tiene algo en común con alguna listilla que también me embarcó en una historia hace mil años, que terminó bien y aún no sé muy bien la razón.
    Y, sinceramente, prefiero no volver a recordar.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Titajú: Es que una cosa sería un embarque normal, pero aquello fue cuasitraumático porque cuando me vi alejado de la ciudad, en el puerto, joé que si lo pasé mal. En el salón de la danza por lo menos estaba en zona civilizada y… hasta podría gritar, pero en el puerto… tela. Un beso

  9. Sole- 50solesmas dijo:

    Aysssss… Manuel ¡¡¡ pero que cosas te pasan¡¡¡
    de todos modos a mi me parece de peli total¡¡¡
    osea que a cualquiera no le suceden estas cosas… solo a personajes como tú… que será???????????.
    No te gustaría saber de esa chica, ZAIRA… que no ZARA, tremendo imperio que quisiera para repartir entre algunos que necesitan montar un negocio que daría trabajo a bastantes parados de este país… pero a lo que iba… cuando te vuelvas a ir de paseo o excursión casi que dame un toque, porque si te digo la verdad, a mi me gusta la no improvisación… es la única forma de que sin querer, te sucedan estas aventuras inesperadas… pero tampoco ha estado tan mal¡¡¡ jooo¡¡¡ te abrian y cerraban la puerta del coche como al Rey… y te custodiaban unos ” guardaespaldas”… jopeeee… que nivel¡¡¡ jajjajajjaj
    Saludos desde Betanzos. 50solesmas( Sole )

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Sole: La verdad que sí, que fue como una película. Lo que yo nunca entendí muy bien o ya no me acuedo fue por qué me llevó a aqué salón de té con la bailarina danzando, supongo que le diría que quería ver algún sitio y que se olvidara de todo.La verdad que fue hace mucho tiempo y de detalles no meacuerdo, pero la de histria en lo importante… vamos no me olvidaré en la vida. Un beso

  10. Mónica dijo:

    Pues yo todavía no he ido de picos pardos, pero créeme que después de leerte, casi ni lo echo de menos,jijijijijiji. Un beso Guisande

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Mónica: Pues desde luego que aquél día, prte de aquella noche, fue de pánico, pero hoy lo veo como algo que jamás me imaginaría que pudiera haber vivido y, menos, contaa tanta gente (no por vergüenza…bo) sino por el blog. Un beso

  11. Pipo Rodriguez dijo:

    Buenas !!! muy buena la aventura, da para una peli o un libro, “picos Guisande pardos” …jejeee!! un abrazo Manuel !!!!

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Pipo: Que si da para una película… y para una serie de mil capítulos, te lo digo yo que fue una vivencia alucinante. Gracis por tu comentario y un abrazo

  12. Maria Aurelia dijo:

    Y una pregunta tú crees que todos los picos son pardos o solamente hay pardos picos….cuanto lo siento, creo que fué una noche parda.

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