Los gallegos tienen un mensaje de los extraterrestres

Parte de un capítulo del libro Galicia, la última emigración cósmica Libros Manuel Guisande, Amazon

Después de que Galicia, por causas desconocidas se desprendiera de España y estaba a 5.000 metros de altura, los gallegos eran felices; no pegan palo y estaba en un área con una temperatura estable que nunca imaginaron. Pasadena, que se llamaba así porque había estado en Pasadena (Usa) aunque su padre era de Monforte de Lemos y él de cerca de Fisterra, conducía el módulo lunar enviado por la NASA para dirigir Galicia. Fue el único que hizo el viaje con los extraterrestres por el cosmos y ahora a través de miles de televisiones, la Humanidad esperaba un mensaje de los alienígenas.

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Tras la alocución de Eladio, lo hizo Pasadena: «Boas, rapaces», y fue nada más decir estas palabras cuando al centro de operaciones ubicado en Fisterra, por comunicación interna, se recibieron cientos de llamadas de periodistas de todo el mundo en las que se preguntaba en qué idioma hablaba, si era castellano con faltas de dicción o…

Después de indicarles que era gallego, un idioma como el inglés o el francés, hubo más llamadas, ya que no encontraban la fórmula de llevar a cabo una traducción simultánea. Entonces, un responsable de la NASA que estaba escuchando la radio habló con Antucho y este con el presidente de la Xunta, Eladio Varela, al que comentó que los ingenieros estadounidenses podían crear un programa informático si le enviaban varios textos en gallego, que los introducirían en un ordenador especial y ya todos podrían descargarlo y comprenderlo, pero que la rueda de prensa se tendría que aplazar entre seis y ocho horas.

Cuando se lo explicaron a Pasadena, tras un «bo», dijo que esperaran unos minutos, «que xa chamo eu ao rapás de Portomarín».

−Neno.

− ¿Quén eres?− ¿Quen vou ser, carallo?, Pasadena, que resulta que ajora estes non entenden o galego… ni en China, ni en Xapón nin María Santísima, cajo na madre que os pareu…

− ¿E iso?

− ¿A min que me dis? ¿Qué queres que che dija…? estes, que te son así, moito jarvar e Josford do carallo, tanto estudiar e logo… −respondió Pasadena mientras fuera de cámara bebía a morro un botellín de cerveza.

−Non che preocupes, xa fago eu unha aplicación.

− ¿Que fas qué…?

− ¡¡¡Unha aplicaciónnnn!!!

− ¿¡¡¡Unha qué…!!!?

−Déixame a min, non coljes.

Mientras en las televisiones de todo el mundo aparecía la imagen congelada del módulo lunar y una música galáctica…

− ¿Pasadena?

−Dime, rapás

−Un segundiño, que vou ao alpendre a por un cable. Non coljes ¡eh!, non coljes.

Unos cinco minutos después…

−Xa está.

− ¿Xa está o qué? −respondió Pasadena.

−A aplicación. Apunta, que a entren en Play Store y…

− ¡¡Quieto!! ¿Qué falas de praias…?

−Non, home, non; ti apunta e di o que che dija eu, que ises o saben. Apunta.

−Apunto.

−Que entren en Play Store y que descarjen unha aplicación que chámase Jrelos. Repito, Jrelos, que ten un dibuxo cunha bandeira de Jalisia.

−Ben, xa está; eu so dijo.

Diez minutos después se volvía otra vez al directo, pillando por milésimas de segundo a Pasadena restregándose el brazo por la boca para secarse restos de cerveza mientras eruptaba y decía: «¡¡¡Aajjj!!!, que ben entra, ¡¡Diooosss!!».

Con la aplicación descargada, Pasadena explicó prácticamente lo que hasta entonces se sabía: que se trataba de un platillo volante en forma de mejillón de color rosa, que se abrió la parte superior y se deslizó una rampa y que eran diez alienígenas con cara de melón.

Todos estaban pendientes de la primera pregunta, que no era otra que si había algún mensaje para el planeta. Fue una televisión alemana la primera que pudo entrar en directo con un periodista.

−Señor Pasadena ¿le han dado algún mensaje?

−Home, non me chames señor, se estamos en familia… −respondió Pasadena riendo a carcajadas y abriendo los brazos en forma de cruz.

−Gracias, ¿algún mensaje, algún comunicado, algo que tengamos que saber?

−Mire, eu…

De repente otra interrupción, que aunque fue muy breve, en esta ocasión sí que pillaron a Pasadena tratando de arrancar con los dientes la chapa de otro botellín que acababa de coger.

Segundos después… y tras hacerle la misma pregunta.

−Pois si lle digo a verdade, eu non sei que carallo pasou; me din que entrei no ovni e que se foron con mijo voando, pero por miña madriña que está enterrada en Callobre, ¿sabe?, alí, preto da Curuña, que non recordo nada, nadiña, nadiña.

Entonces se escuchó un ¡¡ooooooohhh!! atronador de desilusión de los millones de personas que estaban en la Península.

−Pero… −insistió el periodista.

−Pois… ¿Qué carallo queres que che dija?

−Quizás a lo mejor… −añadió el informador.

−Non me dijas, rapás; din que estuve no aparato ise, e se o din, estuve; pero para min como que non estuve, pero si estuve, estuve.

Todo el planeta estaba un poco decepcionado, y muchos que se consideraban expertos y científicos comenzaban a analizar las frases de Pasadena por si encontraban alguna pista. Unos llamaron a la sede de Microsoft para preguntar si existía algún problema con la traducción simultánea, porque no comprendían la frase «din que estuve, e se o din, estuve; pero pra min como que non estuve, pero si estuve, pois estuve», y otros la estudiaban intercambiando palabras o leyéndola al revés por si se trataba de un mensaje que era preciso descifrar: «Pero-si-estuve, pois-estuve, e-se-o-din-estuve; pero-pra-min… din-que-estuve como-que-non-estuve, pero si estuve, estuve».

De la frase surgieron varias preguntas a las que se les buscaba un sentido, especialmente la de «din que estuve e se o din, estuve»: ¿Quién dice que estuvo?, ¿los extraterrestres?; si es así… ¿habló con ellos?; luego, si lo hizo… ¿cómo es que no se acuerda de nada?, ¿qué esconde?  ¿qué no quiere decir ese hombre llamado Pasadena? Y las dudas fueron creciendo más y más: ¿se llama realmente Pasadena? ¿existe? ¿es un ser humano? ¿es todo un montaje?

Para una minoría empezaba así a rondar en sus cabezas una nueva teoría de la conspiración mientras los dueños del canal DMAX se frotaban las manos, hartos de emitir la serie titulada La esfinge de Guiza, que ya iba por la entrega 7.495.647, y la de El cinturón de Orión, que acababa de superar los cinco millones.

Sin embargo, una inmensa mayoría, que en vez de los canales públicos se informaba por DMAX, se sentía satisfecha, ya que se podía confirmar de forma fehaciente que había vida en otro planeta, que se trataba por fin del primer contacto y que seguramente habría otros más.

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Capítulos anteriores

Los gallegos se encuentran con un ovni y hablan con los extraterrestres, pero...

Los gallegos reciben una visita inesperada en su viaje por el cosmos

El módulo lunar anclado en Fisterra, el cabreo del piloto y los aerostatos

Amancio Ortega, los bañadores y el tabaco.

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Acerca de manuelguisande

Periodista, escritor, conferenciante y desarrollador de proyectos creativos
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