17. El gallego, un crack regateando

Relato 17
Mas de medio mes con relatos,  parece  que vamos a seguir, hoy del libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende: “El gallego, un crack regateando.”,  Se agradecen los comentarios en facebook para interactuar y no aburrirme 😉
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Ahora ya no tanto, pero en Galicia aún quedan algunos comercios pequeños, sobre todo en remotos pueblos, en los que, junto a los productos que están a la venta, hay un letrero en el que se puede leer precio fijo.

Yo la primera vez que vi esto fue hace años en una tienda que vendían zapatillas, y la verdad es que me quedé sorprendido pensando si el importe de las babuchas iba a fluctuar en función del barril de Brent o el yen; aquí en Galicia pasan tantas cosas… Hombre, cierto es que a punto estuve de dar una vuelta y volver al cabo de una hora para ver a cómo estaban las pantuflas y de reojo mirar a la gasolinera, porque si el asunto estaba en función del barrilillo ese de Brent…

Y así estaba mientras pensaba: «¿Y por qué ese precioso letrerito hecho a mano, que por la letra el dueño debe rozar los ochenta años largos?, ¿por qué esa frase solo la veo en Galicia y no en el resto de España?». Y ya puestos, pero esto fue para entretenerme: «¿De qué color es exactamente la cartulina donde pone precio fijo?, ¿gris, amarilla, amarilla-gris, tal vez naranja, gris-naranja?, ¿algún día tuvo color?».

Duro es esto de pensar cosas transcendentes, pero como todo tiene una explicación, pronto descubrí que el letrerito de marras es porque al gallego, y sobre todo a la gallega, le encanta regatear. Para el gallego no existe un precio fijo por una razón más que elemental: «Porque quen puxo isa cantidade pudo poñer outra, o é que son parva…».

Y razón no le falta, ya que el precio de las pantuflas no lo marca la Comisión Nacional del Mercado de Valores o un tratado de libre comercio internacional, no. El precio de las babuchas las puso Fandiño, el dueño de la zapatería, o neto de Fandiño el argentino, por razones obvias, que ese día se levantó y lo mismo pudo poner diez, doce que trece o veintiséis euros, y sabiendo esto el gallego…:

«Oes Fandiño, ¿en canto as deixas?», dice levantando el par de zapatillas con una mano, mientras en la otra sujeta una bolsa de Eroski. Y como Fandiño diga que las deja en doce…, allá van las zapatillas a la bolsa entre as sardiñas, el pan de brona o unos pasteles pra os rapaces.

Para la mujer gallega regatear es una cuestión de principios, para Fandiño, obviamente, de finales, y el compatriota puede estar allí perfectamente las horas que sean hasta que Fandiño diga: «Veña veña, non me marear, cóllea cóllea e deixa o diñeiro ahí».

Y aquí sucede un detalle de vital importancia, porque no es lo mismo non me marees que non me marear, que aunque técnicamente el marear es el uso del infinitivo, en la tienda de Fandiño más que infinitivo es definitivo; estaba hasta lo bemoles.

Pero volviendo al asunto; si tú ves a una persona que regatea en ese plan, con esa insistencia lo mismo una hora que veinte, pues te hace pensar que está necesitada, que no vive bien, que su economía… no, el gallego regatea por regatear, al igual que las olas llegan al mar, el girasol tiene pipas o debajo de las pestañas están los ojos.

Y si por un casual conoces a una gallega gallega auténtica y le preguntas por qué regatea, pues ella te dirá tan tranquilamente: «¡¡¡¡Ay o que me reín con Fandiño, ay Jasús Jasússss!!!!».

Y tú que has visto todo, piensas que sí, que se habrá reído, pero que el pobre Fandiño estaba entre mosqueado y hecho polvo, y si se lo comentas… entonces responderá con algo que sobrepasa cualquier comprensión humana: «Si somos amijos desde nenos, que fumos xuntos a escola… Si él o pasa mellor que eu». Hombre, mejor, lo que se dice mejor… me da que no, pero si ella lo dice… qué quieres que te diga…, bueno, sí, «pero a min non me marear».

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Acerca de manuelguisande

Periodista, escritor, conferenciante y desarrollador de proyectos creativos
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3 respuestas a 17. El gallego, un crack regateando

  1. René dijo:

    Hola Manuel, si es que los gallegos somos especiales hasta para poner letreros, te cuento uno que me llamó la atención. En una playa de Coruña allá por el 2007 había un cartel que decía textualmente “se informa que el horario de salvamento y socorrismo es de 12:00 a 20:00” y al verlo la primera vez lo que se me vino a la cabeza es ¿Que pasa, han puesto un horario para ahogarse? Uno espera que le informen del horario de los socorristas, pero hombre que te digan el horario para poder ahogarte…
    Un saludo.

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