Relato 44: «María, la aldea y el regalo imposible»

Folgoso Experience Ruta del Mate 05
Relato 44 del libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende, 2ªparte

A ver, ¿tú qué crees que es lo más difícil a la hora de tratar con un gallego, excepto entenderlo, que eso ya sabemos que es imposible? ¿Hacer negocios?, sí; ¿saber qué quiere decir cuando dice «bo» u «home»?, también, pero hay algo que lo supera todo: hacerle un regalo.

Hacer un regalo a un gallego o una gallega auténtica, de la aldea, es muy difícil, pero que muy difícil; y es que el gallego sin saberlo es un antisistema, un anticapitalista y si tiene lo suficiente para vivir no necesita más. Cierto es que en las aldeas han entrado la nuevas tecnologías, como el móvil; pero o arde el aparatejo ese de marras o no lo cambiará en la vida porque como «ainda vai…», pues vai. Todo lo que tiene, pero absolutamente todo, para él es más que suficiente, no necesita más ni lo quiere.

Mira, yo una vez quise hacerle un regalo a mi vecina María y aquello fue más difícil que estudiar física cuántica o demostrar que realmente hay otras dimensiones además de las del espacio/tiempo. Por eso de que trabajara menos en casa, primero le regalé un microondas; lo desempaqueté, lo puse en la cocina y… ¿cuánto crees que duró allí expuesto?, pues ni veinte minutos porque, como si lo hubiera traído de otro mundo paralelo y misterioso, fue verlo y con un simple «iso non e de eiquí», fue como que le había regalado una central nuclear en miniatura.

Cogí el microondas y lo devolví. Así que elegí una segunda opción: un juego de café comprado en los chinos, poco más de diez euros. Llegué con el jueguecillo, lo abrió y dijo: «¡¡¡Qué bonito!!!, isto pra unha ocasión». Pues oye, en diecisiete años, sí, ¡¡¡¡diecisieteeeee!!!!, no hubo ni una ocasión. Allí quedó en una vitrina el juego de café y a punto estuve de llamar al presidente de la Xunta y decirle que viniera un día a la aldea, que no era por una cuestión política, que Galicia está genial, que las vacas gallegas dan al día siete mil toneladas de leche, que las autopistas son baratas y que los paisanos tienen piscina y campo de golf, que el problema era el juego de café.

Le digo esto al presidente y estoy convencido de que en un primer momento pensaría extrañado: «¿¡¡¡¡Que el problema es un juego de café…, de café…!!!! ?», pero como seguro que habrá oído más tonterías de sus cargos de confianza, segurísimo que a los pocos minutos lo entendería, el presi está tan hecho ya a todo…

Ya desesperado, el siguiente regalo, para ver si le daba uso, fue un pañuelo; un pañuelo blanco, nada más, dos euros. Nuevamente llegué a casa de María, abrió el presente y yo me quedé ausente ante sus palabras: tras un «¡¡¡¡ay Jisande, pra que gastaches!!!!»,  de debajo de la manga, apelotonado como una bola sacó otro pañuelo y contestó: «Xa teño iste, pero jracias».

Obvia decir que me quedé yo el pañuelo y ya me lo jugué todo a que lo que había pensado y meditado como obsequio para el siguiente cumpleaños sí lo aceptaría. Así que llegado el día, entré en la casa de María con un mandilón de cocina, sí, un mandilón, que hasta me daba vergüenza el regalo; abrió el paquete, lo vio y, después de decir lo bonito que era, la respuesta fue demoledora: «Está ben pra unha ocasión», que tal cual me lo decía ya me venía a la mente la imagen del presidente de la Xunta y el mandiló al lado del juego de café.

Hay que aclarar que yo trabajaba, de verdad que trabajaba, que no solo me dedicaba al regalo de María, pero un mes antes de la onomástica os lo juro que yo sentía que estaba pluriempleado, un curre el asunto… que hasta prefería escribir cuatrocientos reportajes de por qué la nécora era roja.

También, lo reconozco, que lo del mandilón fue un fallo mío, porque si al comprarlo lo hubiera puesto en la N-VI, hubieran pasado por encima de él tres millones de vehículos con sus rastros de aceite y neumáticos, limpiara con él varias calles desde Vigo a Salamanca y todas las barras de los bares que encontrara por el camino y luego le diera un buen lavado y quedara a camino entre usado-manchado-limpio…, pues igual colaba; pero tan impoluto, tan nuevo…

Nunca volví a ver mandilón, y aunque ya iba por el reportaje 654.420, mi mente estaba en María. De día, de noche e incluso cuando alguien decía «qué atardecer tan bonito», solo con pensar en el atardecer y que se me acababa el tiempo sin saber qué regalar a  María, me angustiaba; y la pregunta era como un martillazo: «¿Qué puedo regalar a María?, ¡¡¡por Diossss!!!, ¿qué le puedo regalarrrrr?».

Creo que ya había descubierto por qué la nécora era roja cuando un día, comiendo con ella y su familia, a loncha partida de jamón y trozos de queso,  de repente en voz baja, casi inaudible, dijo: «Qué bonito é». Yo oí eso y le pregunté a qué se refería, qué podía ser lo que le gustaba, y ella solamente decía: «Nada, Jisande, nada». ¡¡¡¡Nada!!!!, ¡¡¡¡cómo que nada!!!! ¡¡¡¡Todooooo!!!!

Ahora lo puedo confesar, tras oírla, a punto estuve de levantarme de la mesa, coger un cuchillo jamonero o un hacha de la reperamariló y decirle a lo Corleone «o cantas o aquí la espichas de un tajo»; y después de veinte minutos insistiendo y ella que nada, al final dijo: «O pilón». O pi qué…, pregunté, nervioso no, nerviosísimo; «o pilón», dijo María. Un pilón para lavar la ropa… Mira, yo ya no comí, fue aclarar el asunto e inmediatamente me fui a Suministros Gestal SL, y aunque ya era tarde le expliqué al dueño el problema.

El asunto no era fácil porque era un sábado e iban a cerrar, pero como son tan amables…, pues oye, cogimos un pilón de cemento o de no sé qué, lo metimos con una pequeña grúa en un camión, y a la casa de María. Llegamos allí, María alucinando con el pilón, Gestal diciendo que dónde lo ponía, y en tanto que María lo tocaba y decía: «Que bonitiño é, que bonitiño é, é que é moi bonitiño», te lo juro que esos instantes marcaron un antes y un después en mi vida, tenía una paz interior que casi me hago de la Orden de los Carmelitas Descalzos, que más dolor del que tenía en los pies de ir a sitios y más sitios iba a ser imposible. Y allí juré a Dios que buscaría todos los accesorios que puede tener un pilón para ir regalándoselos, que seguro que los habría o me los inventaba, pero otro año así… jamás. O Pilón, manda carallo.

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¿Cómo somos los gallegos?, depende, 2ªparte lo puedes pedir en editorialmarazul@yahoo.com o en las siguientes librerías:

 A CORUÑA: Corte InglésRamón y Cajal; Santos Ochoa, Teresa Herrera 3; librería Salesianos, Barrié de la Maza 11Couceiro, Ronda Outeiro 132 y 248Avir, Juan Flórez 30; Lume, Fernando Macías 3 CascanuecesOrzán 14;  Sisargas, San Roque 7;  Espacio NobelPlaza de Ourense, BerbirianaSantiago 7Ancora, Juan Florez 87; Almacén Concept Olmos 7; Estanco, Juan Flórez 40; Galería de arte Artbys, San Andrés 122; Librería de todo, Costa Rica 4 (Galería de Gadis).

LUGO: Balmes, Progreso 6; AguirreSalvador de Madariaga 1, Local 8; Biblos, Salvador de Madariaga 1; Trama, Av. de A Coruña 21; La Voz de la Verdad, Rúa Bispo Aguirre, 17,

OURENSE: Padre Feijoo, Padre Feijóo 4; Kathedra librería, Valle Inclán 14 Platero, Ramón Cabanillas 11 

PONTEVEDRAEscolma, García Camba, 11; Cronopios, Frei Xoán de Navarrete 5;  Paz Peregrina 29 El pueblo, Conde de San Román 7; Metáfora, Travesía Charino 9.

VIGO: Librouro, Eduardo Iglesias 12; Cartabón Urzáiz 125; Lafer, Urzáiz 184; Hobbit, Rúa das Teixugueiras 32; librería Vigo, Joaquín Loriga 2.

SANTIAGOCouceiro, Praza de Cervantes 6; Follas Novas, Montero Ríos 37 y 50; Cronopios, Alfredo Brañas 24, Gallaecia, Ramón Cabanillas 8.

FERROL: Cantón, Cantón Molins 4;  Central librera, Dolores 2.

BETANZOS: Biblos, Santiago 4.

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6 respuestas a Relato 44: «María, la aldea y el regalo imposible»

  1. Antón dijo:

    E logo?..

  2. En el próximo cumpleaños le regalas un buen jabón de taco para lavar la ropa en el pilón… jajaja

  3. René dijo:

    Jisandeeeeeeee, pero vamos a ver de que coñeces ti a miña suegra, y por que le dices Maria si se llama Victoria, porque no será posible que dos gallegas coincidan en la misma dimensión y espacio tiempo al unísono… ¿O si? Tal cuestión metafísicamente contemporanea de la cuestión, que yo sigo recordando el cariño con el que mi suegra guarda todos sus regalos y que despues de más de veinticinco años que la conozco sigue guardando la vajilla, el juego de café, el juego de copas, las sábanas y un sin fin de curiosidades ya amarillas y deshilachadas por el tiempo, que ella conserva con el mejor de los propósitos del indeleble recuerdo.
    Un abrazo Manuel para ti y todas nuestras Marías.

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