Para conocer Galicia nada mejor qué…

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Del libro «¿Cómo somos los gallegos?, depende» (Editorial Arenas). Premio  de Literatura y Ensayo Fernando Arenas Quintela 1017-2018

Permíteme que este artículo sobre funerales y la muerte lo escriba en negrita, por respeto, que uno es muy educado, y porque no vaya a ser que al final exista el Cielo y por un no sé qué de que lo escribí en gris y que si esto y lo otro… pues que no entre, me quede en el Purgatorio como un imbécil o repita vida en la Tierra. En fin, a lo que vamos.

Al gallego que vive en la aldea, en lo que es el ámbito de las relaciones sociales, esas de «canto tempo, ¡oh!», le encanta festejar las bodas, aunque desgraciadamente cada vez hay menos, al igual que los bautizos y las primeras comuniones. Sin embargo están en boga, y por muchos años me temo, los funerales. Un funeral… donde haya un funeral…

Da lo mismo quién sea el fiambre, si una buena persona o un petardo de tío que ya hasta algunos decían que vivía demasiado para la mala leche que tenía; pero un entierro mola porque viene a ser como un conjunto de amigos rodeados por todas partes de alegría menos por una llamada familia, que esa sí, esa parece que está triste, porque los demás…

Si alguien quiere conocer Galicia en profundidad tiene que ir a un sepelio en el medio rural porque es ahí donde aprendes el origen de esta tierra. Eso de ir a la playa, al casino de A Toxa, a las dunas de Corrubedo, comer percebes, camarones o visitar la catedral de Santiago y el rollo del botafumeiro está bien como actividades extraescolares para el turista, para esa persona a la que le meten folletos publicitarios por la cabeza y al final dice que el mejillón es un marisco, que lo es, pero marisco marisco… Tú ya me entiendes. Una desgracia.

Tú vas a un funeral, y ya una hora antes está el personal esperando la caja o a la cajetilla, porque todo dios fuma, y entre calada y calada y algún «dame fogo», la gente se arremolina en grupos y empieza a charlar con viejos amigos, excepto con el muerto, claro.

Y mientras escuchas, comienzas a descubrir la auténtica Galicia. Por ejemplo, que en todas las aldeas había una escuela unitaria y que allí iban lo mismo los que tenían cinco años que catorce, que saber entera la tabla de multiplicar salía a una media de quince coscorrones por alumno y que había un ser todopoderoso llamado maestro.

El magister lo mismo te enseñaba Geografía que de repente se transformaba en médico discontinuo que en confesor. Que alguien estaba enfermo… pues allá iba el docente con lo último que había leído en el Reader`s Digest e inyección que te crió. Que se curaba… «E que D. Ramiro o sabe todo, outra cousa non, pero listo te é…». Que moría el paciente, bien porque la inyección había sido mal puesta, bien porque la jeringuilla no estaba muy limpia, o bien porque el antibiótico no era para el abdomen sino para las orejas… «Pois que se llevai facer, xa tiña unha cara… que ben ben no estaba, iso fixo».

Y tras contar todas las aventuras del maestro… «¿E te acordas cando atabamos o rabo das vacas do Chirelo ao árbol…?», «¿e cando xuntamos os carros e quitamos as rodas…?», poco a poco vas descubriendo que como diversión había una o dos fiestas al año (la de la aldea y la del pueblo de al lado), que cuando llegó la tele había quien se creía que los protagonistas de las pelis estaban allí dentro y te veían, o que se sorprendían cuando escuchaban la radio y oían a alguien hablar en el interior de una caja.

Aprenderás también cómo era la mili, especialmente los viajes para llegar de cualquier sitio de España a Galicia a ritmo de orujo; o que cuando había una reunión de mozos en una casa, el juego erótico consistía en que se juntaban todos en una habitación, apagaban la luz durante varios minutos y que allí cada uno que hiciera lo que pudiese.

En fin, que un funeral es una fuente inagotable de conocimiento de la intrahistoria gallega, y quienes van a un entierro le dan un repaso, pero un repaso fino a cómo se vivía antes; como yo, que estoy repasando este artículo por si me dejo alguna palabra sin negrita, no sea que por una, por solo una… pues que la vayamos a liar y acabe en el Purgatorio o en el limbo, en el que a veces creo que ya estoy.

…………..
«¿Cómo somos los gallegos?, depende» Lo puedes encontra en Amazón y en las librerías: Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro).

FOTO SOLO PORTADA GALLEGOS

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2 respuestas a Para conocer Galicia nada mejor qué…

  1. Anónimo dijo:

    Me había olvidado del Reader’s Digest, ja,ja,ja.

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