Un método para que la gente sonría en la calle

tropezarEs cierto eso que dicen que las ciudades son muy inhumanas, demasiado. La gente no habla, no te mira, no sonríe, no saluda… y entonces cuando lo haces… pues eres raro.

Tú vas a una parada de autobús (como me ha sucedido a mí muchas veces) y le dices a alguien a sí en plan tranquilo «pues hace buen tiempo…»,  y el tío o tía de turno te mira como extrañado, como si no fueras normal y, o dice «sí», y al minuto está al otro lado de la marquesina, o se queda callado.

A mí cuando me ocurre esto me da ganas de decirles: «Pero hombre, que solo he dicho sí, que no se trata de hacer una amistad para toda la vida, que tampoco me tienes que invitar a comer en casa, que solo he dicho que sí, pero por tu careto…». Entonces te da ganas de comentar: «Que mal día hace hoy ¿no?», a ver si así… ná, igual

Esto, como digo, me sucede a menudo; pero hace unos días me pasó una cosa que lo superó todo. Bajaba por un calle, cojo un cigarrillo y, normal, que no tengo fuego. Entonces miro para atrás y veo que viene una mujer de unos 40 años, le pregunto si tiene mechero, se para, busca en el bolso, coge uno, enciendo el pitillo, se lo devuelvo, me despido y sigo caminando detrás de ella. Total que a unos veinte metros llegamos a cruce; ella se detiene y gira hacia la derecha, yo igual, y de repente… de repente me mira ¡y se escapó!; sí, se ¡escapó corriendoooo!.

Mira yo no sé si el semáforo estaba en rojo, en verde, en naranja o gris marengo, yo lo único que vi fue a una tía hacer los cien metros lisos en 8,8 segundos y me quede allí, petrificado con el cigarrillo en la boca y los ojos como platos.

Pero he descubierto un sistema para que la gente sonría, y no falla nunca, pero nunca. ¿Qué cuál es?. Tropezar. Tú tropiezas o haces que tropiecen contigo… y la petarda tía atleta que se fugó o el percebe ese de la parada del autobús… bueno, una sonrisa por si te pasó algo, una preocupación, una educación, unos modales…

Yo desde que he descubierto esto no hago más que tropezar. Veo una calle y si hay pocas personas, no voy por ella; pero como encuentre una atestada de gente…..allá me voy de cabeza y en cuanto puedo tropiezo con alguien. Y como esto de tropezar no está claro de quién fue con quién…. unas caras de amabilidad y unas disculpas en plan «perdón es que fue al girar para coger al niño…» que te da ganas de decirle para ser más feliz «repítalo hombre, repítalo, que no fue al coger al niño, fue un poco antes».

Te lo juro que desde que practico esto me encantaría ya salir tropezando desde casa porque cuando regresas te dices: «Si es que la gente es de una buenaza, de una bondad, de una alegría, de una humanidad…». Lo único malo es cuando te acuerdas de esa frase que dice: «El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la  misma piedra», y debe ser verdad porque como tropieces dos veces con el mismo tío… me da que el asunto de la alegría se va al tacho.
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