Vaya banda de directivos tiene este país…

Este es un país único, pero único único. Llamas a un tío cuatro veces para hablar con él por algo que le puede interesar… y en la primera te dicen que no está; en la segunda, tampoco; lo mismo en la tercera, y a la cuarta… a la cuarta el telefonista no solo te dice que no está sino que te anima a que lo llames otra vez diciendo: «A ver si la próxima vez tiene suerte».

Y entonces, es oír eso de «a ver si tiene suerte» cuando piensas si has llamado a una empresa, si has sacado un boleto para la tómbola, si el numero que has marcado lo has hecho en la Bonoloto o en el Euromillón o te has comprado un paquete de aquellas pipas La Pilarica que cuando cogías el papelito que venía dentro de la bolsa decía: «La Pilarica, repita».

Alucinante, porque además, al que llamas, por el cargo que tiene y por lo que cobra, tendría que estar, y  al final ya hasta piensas: «Hombre, a que va a ser que un día el tipo este coge el teléfono y quien va a tener suerte es él».

Y como resulta que has llamado al sur de España y tienes un acento gallego que no veas, y como todo el mundo sabe, pues gallegos somos pocos… el telefonista que te pregunta si eres de Galicia. Y entonces pues dices que sí, que vives en La Coruña, y mira por donde, así, a lo bobo, empiezas una conversación en la que te cuenta que Galicia es una maravilla, que  fue de viaje de novios a Santiago de Compostela, que  lo bien que se come, que si el marisco… y mira, este sí que tuvo suerte, no le llovió.

Y así, hablando de marisco te viene a la mente el percebe; pero no el de la Costa da Morte, no, sino el percebe del tío ese al que has llamado y tratas de saber sobre a qué hora suele estar para reducir en las que se se fuga y «a ver si tienes suerte» y lo cazas. Pero por lo que te cuenta el telefonista, el paisa ese es como una anguila, porque menos en la empresa puede estar en cualquier sitio; y como el telefonista entra en confianza, al final casi te dice que al que llamas manda pero no manda, que llames mejor a tal, que es mejor, pero joé con el tal…, el tal es casi Houdini, un escapista de carallo el pavo, que le debe dar repelús ir a currar…

Claro, como hacer mil kilómetros desde La Coruña hasta casi Gibraltar y esperar a uno de estos randas como que no,  al final, pues entre que el telefonista tiene dos hijos y que uno estudia empresariales y que el otro aún no sabe qué hacer, pues te da ganas de decir:  «Pues nada, hombre, a ver si tengo suerte y usted también, que tiene una empresa de directivos que manda carallo y que tal como me lo cuenta, pues un día lo nombran a usted director y con lo que hemos hablado… pues ya tenemos algo adelantado». Joé, «a ver si tiene suerte…, a ver si tiene suerte…», vaya país, dios, y vaya banda de directivos: El escapista, el anguila… y los que habrá.

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