Así descubrí que yo no era…

Después de cuatro años en una aldea, para mí que esto afecta porque a veces noto sensaciones extrañas, como alucinaciones, visiones; no sé, pero algo ocurre. A lo mejor puede ser que al vivir en un valle cerca de La Coruña, pues como que se crea una nube con todos los canutos que se fuman en la ciudad,  ésta va cayendo suavemente sobre nosotros y nos incide directamente en el cerebro, puede ser, pero que algo sucede… eso no me lo quita nadie.

Lo que sí es cierto que lo bueno de vivir en el campo es que te conoces a ti mismo y, si tenías dudas, como me ocurría a mí, si eras idiota perdido… se te disipan todas.

Yo un día descubrí que normal normal no era cuando me acerqué a un cerezo; ya ves tú, un simple cerezo. Bueno, pues me acerqué y qué crees tú que sería lo normal al ir a un cerezo…. pues eso, coger el fruto con la mano y comerlo, pero intentar hacerlo con la boca y de puntillas… y así estuve, comiendo cerezas de las ramas y empezando a conocerme que,  entre nosotros, dudas dudas más bien no tenía, simplemente era confirmar mis sospechas.

A esto de las cerezas, si te soy sincero, importancia, lo que se dice importancia no le di (que es lo que pasa cuando eres parvo, que no le das valor a los primeros síntomas hasta que un médico te abre los ojos) pero lo que realmente marcó un antes y un después en mi vida fue la ensalada; sí, la ensalada, la de siempre, esa de la cebollita y el tomate. Esa, realmente, descubrió mi identidad en todo su esplendor.

Estaba en casa y pensé: Voy a la huerta, arranco una lechuga, un tomate, una cebolla, le echo vinagre, aceite, y ya está; ensaladita hecha y me la tomo tranquilamente en la mesa como un señor; pues no, a tomar viento el señorío.

No me digas qué pasó por mi mente pero hice al revés: cogí un plato, le eché aceite, vinagre, me lo llevé a la huerta, me senté en medio de la hierba, arranqué una cebolla y un tomate, y cuando iba a coger una lechuga… yo no sé si fue el viento o qué, pero noté que se movían, como que temblaban, como que estaban nerviosas, entonces lo comprendí y sin darme cuenta me encontré hablando con ellas: «Mirad queridas lechugas, entiendo que es duro, pero una de vosotras tenéis que sacrificaros. Lo siento _añadí con voz grave_ pero a una la tengo que rebanar».

Y nuevamente, no sé si fue un aire o dos, para mí como que temblaron otra vez, y si te soy sincero me dieron una pena…  pero gracias a Dios me rehíce, me sobrepuse, me envalentoné, respiré profundamente, cogí de cuchillo y ¡¡¡ zas !!!, a la que tenía más cerca le pegué un tajo… pero un tajo…

Y ese día, en medio de la finca, sentado entre la hierba a modo de vaca como si pastara, tomándome la ensalada bajo una arboleda mirando al infinito,  me declaré estúpido, pero estúpido total, integral, pero fui feliz, pero tan feliz… que ni que fuera parvo.

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20 respuestas a Así descubrí que yo no era…

  1. Antonio dijo:

    Yo no era, yo no era… ¿pero en qué quedamos? ¿No tenías claro que eras tú la primera persona del singular? Ahh, no, si eras tú… eras la segunda, … ufff,
    creo que ya te voy entendiendo…

    • Hola Antonio: Gracias por entenderme, a ver si me pasas un esquema para que yo lo comprenda. ¿recibiste el correo? Un abrazo 😉

      • ani dijo:

        Que momento , que momento!!!! y pobres lechuguitas tío, ja, ja , ja
        aunque yo al leerlo me dije, leñes!!! menos mal que solo se le ocurrió hacer una ensalada, que si se le llega a ocurrir preparar “”gallina en pepitoria…””la que se habría formao!!!
        y rebanar un cuello de gallina , te juro que na que ver con rebanar a las señoritas lechugas , que no lo digo por experiencia , eh!!! que yo no he pasao de asesinar hortalizas , y verduras .
        bueno Manuel!!! lo que importa es que te has encontrao, ¿¿¿no??

        pd– lo que si propondría al alcalde de tu pueblo sería que prohiba fumar porros en la coruña, ja , ja , ja

      • Hola Ani: No sabes lo que es conocerse, pero yo la verdad que ya lo intuía…. hasta ultimamente ya me afeitaba a sí de refilón, me daba un poco de miedo el espejo… es que cuando tienes intuición… es que no falla. Pues hablaré con el alcalde para que tome medidas drásticas 😉 Un beso.

  2. concha curros dijo:

    Mira que dude en compartir!!!… Me explico: Mi hija es vegetariana… Y si empieza a alucinar con los sentimientos de las lechugas…, no se que va a comer!! 😉

    • Hola Concha: Hombre, si quieres un día destripo delante de ella una o un par de vacas a dos cuchillo y con otro en la boica por si se rompe el filo… si no le importa… y eso sí, le lechuguita en una macetita rosa 😉 Un beso y gracias por tu comentario.

  3. nuria c. ares dijo:

    gracias a este artigo recordo os bos momentos q paso comendo abruños

  4. Isaura dijo:

    Si, Guisande sí, lo que tu digas, pero… ¿a qué estaba buena la ensalada? De todas formas me gustaría saber el diagnóstico de un psicoanalista acerca tu culpabilidad homicida con las lechugas… puede llegar a ser más interesante que tu blog.. ja..ja…¡que ya es decir!

    • Hola Isaura: Ya creo que estoy descatologado, que nadan buscando a ver donde me encajan. Peo lo cierto que con esa bobada de la ensalada, te lo juro que me reía y (estaba solo, claro, no quiero preocupar a la familia) era feliz feliz. ;). Ya ves con qué cosas; pero otro día os contaré otra experiencia vital. Un beso

  5. Alberto Eldesiempre dijo:

    Dios mío, he llegado a llorar, …esto de Internet como es más virtual que el rescate de la Merkel, vuelve a la gente muy sensibilera. No vuelvo a comer lechuga. Ya ves, lo poco de carne fresca que me quedaba en la dieta se me ha ido como si le dhubieras dado al botón de “esc”…
    Quizá por eso da tantos gases en el estómago: son sus angustiosos gritos al notar el estruje cruel de nuestros movimientos peristálticos.
    Yo en la “aldea” llevo casi diez años y sí que he notado una especie de extraña transfiguración. Algo francamente raro y que, a mi, urbanita irredento desde que me parieron el la calle Obispo Basulto de Lugo, no había conocido nunca: hablo mejor el gallego, mis pensamientos van a otra velocidad, y gozo más lentamente de los buenos momentos que pasan, por cierto, con otro tempo.
    Ahora que, como somos tan pocos congéneres, observo con otra perspectiva la enorme cantidad de desequilibrados y energúmenos que me rodean: endogamia y mala alimentación de milenios se van dejando ver…
    Un abrazo montañés!!!
    …En el valle estoy yo.
    Y deja de mear tanto que todo acaba en el Mendo, no te olvides.

  6. René dijo:

    Otro que se había perdido y se ha encontrado… Haber si al final tu también serás otro pequeño saltamontes que va por el mundo en plan filosofía mística, que ya lo decía mi tocayo René Descartes “Pienso luego existo” pero no por mucho pensar se existe mas temprano…
    Bueno pues eso, que ya no se que te quería decir, los humos de la ciudad que son muy mala cosa.
    Ahhh por cierto, que lo de hablar a las plantas me parece que no se trataba de eso, creo que te lo deberían de volver a explicar.
    Un saludo.

    René

  7. Isabel dijo:

    ¿ Pero primero lavarías la lechuga, no ?….
    No te preocupes, peor es lo mío…yo a veces le hablo al microondas….

    • Hola Isabel: Pues la lavé en un grifo, pero tampoco creas tú que… un agüita, que yo he vivido en muchos pueblos, cogía la fruta del árbol (igual que ahora) y nunca me pasó nadsa, superinmunizado. Oye, y qué tal onda tiene el micro cuando le hablas… Un abrazo

  8. jose angel mendez dijo:

    yo jamas he vivido en el campo y todo lo que como ya viene bien difunto soy mas bien como un carroñero otros matan yo como eso de sentarse a comer ensaladas en el campo suena muy bien ojala algun dia pueda tener esa felicidad dios te bendiga manuel tus anecdotas siempre me hacen reir y esta esta muy buena que tengas un gran fin de semana y mates muchas lechugas pd no se como no tienes un trauman por que tan bien matastes un tomate y una cebolla

    • Hola José Angel: Creo que la solución, para no tener un trauma, fue comer tomates y más tomates y que no te dé tiempo a recordar a quien mataste al convertirte en un “asesino en serie”, sin escrúpulos 😉 Un abrazo y gracias por tu comentario, que siempre anima a escribir. Un fuerte abrazo

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