Un recuerdo imborrable, las mudanzas

Después de vivir en unos ocho sitios, en pueblos y ciudades, de mudanzas me lo sé todo; pero absolutamente todo. Yo sabía, por ejemplo, que una reunión de mis padres con otras personas en la cocina, sino eran Navidades era que cambiábamos de casa y muchas veces me preguntaba si con tanto ajetreo realmente cambiábamos de casa o nos fugábamos. Y hasta creo que si ya de pequeño me gustaba la fotografía es porque inconscientemente me imaginaba a toda mi familia ya retratada en la Benemérita, de frente y de lado… eso sí, mi madre María Teresiña de tacones finos, aunque fuera al cadalso.

Lo que nunca entendí fue por qué mi padre no ponía ya un caldero colgado detrás en el coche y al lado un perrillo como los que llevan los zíngaros en los carromatos y de paso (pues como algún desplazamiento fue de San Sebastián a La Coruña, casi 800 kilómetros) por qué no lo aprovechábamos para ir vendiendo por los pueblos pues mantas, cerámica, cristalerías, mantelerías, albornoces, pijamas, bañadores, sujetadores, soltadores… yo que sé, lo que sobraba de casa y sacarle algún rendimiento al asunto.

No sé tú; pero yo he vivido tantas mudanzas que casi recuerdo los miles de objetos volantes que he visto entrar por las ventanas: sillones, tresillos, mesas, chineros, butacas, consolas, armarios, espejos, neveras, friegaplatos… y la frase más repetida: «Sepárate niño», «sepárate niño»; y el niño, yo, que no se separaba mientras veía a los del transporte moviendo muebles y más muebles en tanto se miraban mutuamente como diciendo: «O el chaval se aparta Pepe o lo embalamos como hay Dios, pesadito el niño de los… ».

Y yo, «el de los… », se separaba; pero solo se separaba cuando recibía algún golpe y oía: «Si ya se lo dijimos nosotros, señora, que ahí… pero el niño… ». Y estoy convencido que los tipos eran felices mientras me echaban la mercromina o el betadine, pero ni por lo más remoto se imaginaban en aquellos instantes que una vez vendado volvería a la carga, adonde estaban ellos, que así era de simpático el niño Guisande por aquella época.

Y la verdad que en el fondo tuve suerte, porque fue mejor recibir un tresillazo o un butacazo que una bofetada de aquellos tíos, que tenían unas manos amplias como playas en las que bien podían entrar dos camas de matrimonio, una cuna y un aparador.

Y claro, como los que quitaban los muebles eran los mismos que luego los ponían en la otra casa… pues lo que era el traslado en sí, el viaje, era como un descanso para todos, una tregua, especialmente para ellos. Y al llegar lugar de destino estoy fijo, pero fijo, que solo verme decían: «Dios, ahí está el niño; ganas da Pepe de lanzarle este botellín de cerveza a la cabeza ¿verdad?».

Y yo, que de mudanzas ya era un experto, veía con toda naturalidad cómo de un tremendo camión sacaban y sacaban cosas y más cosas durante horas y horas mientras había gente que se paraba en la calle, los que salían del edificio nos preguntaban a qué piso íbamos a vivir, de dónde veníamos y mi madre saludaba a los primeros vecinos, mientras yo pensaba «tanto saludo, para lo que vamos a estar… ».

Y todo parecía muy tranquilo, pero había sin embargo una guerra soterrada entre los de las mudanzas y yo; así ocho veces, ocho traslados; pero suerte, mucha suerte tuvieron los del transporte que nunca eran los mismo o… o, quizás, ahora que lo pienso, la suerte creo que la tuve yo porque aquellas manos eran… eso, como playas.

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22 respuestas a Un recuerdo imborrable, las mudanzas

  1. Cristina de la Coruña dijo:

    Si Si, cuando uno era pequeño le hacían las mudanzas y no tenía que preocuparse por nada…pues bien, hace poco, ayudé a una amiga a hacer una mudanza, y pensamos: Pues nada, se lleva lo que se pueda llevar en el coche y lo que no, se llama a un camión y listo, porque claro subir trece pisos con lo que no quepa en el ascensor, era un suicidio. Pues bien, al final nos liamos la manta a la cabeza y nos dijimos, ¡que caramba¡ ¡podemos con todo¡, entonces pusimos en la cama y el canapé de 1.35 en la vaca, y con nocturnidad y alevosía nos dirijimos a la plaza de pontevedra (centro de la coruña) con la intención de meterlo en el ascensor…..yo iba rezando..y pensando como no entre en el ascensor llamo al 112……y, al entrar en el portal, miré el ascensor y dije ¡esto no cabe ni de coña¡, pero por arte de magia y cosas que tiene el algebra, arrimamos de canto y justito justito entró la cama, y sinceramente, casi lloramos de la alegría……

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Cristina: Sí, de peuqñeo las mudanzas están bien, porque no haces nada; pero cuando la haces tú… eso es otra historia. Pues no sé, a mí me pasa eso, lo del ascensor, y aún estoy llorando. Lo de mover muebles… tela. Un beso

    • Miguel Buján dijo:

      Los pasos del tiempo…si los gallegos (y acaso los lusos y brasileiros) echamos tan en falta la tierra los argentinos añoran el pasado como si en ello les fuese la vida. No sé yo de qué modo me afecta eso de acumular vivencias o recordatorios; “Estoy enfermo. Cómo envejezco”, que cantaban los Golpes Bajos. Héctor Porto, cuando nos vemos, en la despedida, siempre, ultimamente, deja caer con no poca resignación, un lacónico “joder qué de prisa envejecemos”. Y no se equivoca, el bueno de Héctor, aunque a mí me da por pensar que eso nos viene dado, impuesto, y resulta mucho más beneficioso autoconvencerse que tras esta vida vendrán otras. No soy de los que creen a fuerza de fe, más bien me resulta complicado el asumir que, en estas latitudes, estos tiempos, este polo en que vivimos (no así en otras latitudes por dependencias lógicas de otro modo de entender la vida) nadie pueda creer en divinidades. Aún no siendo “creedor” me sienta bien zambullirme en fantasías que al menos me sirven para relajarme ante el miedo al acabose. Si, yo también viví mudanzas, como las sierpes, y de ellas recuerdo, vagamente, el recordar haber olvidado en la otra casa, la que dejábamos atrás, algún tebeo de la Marvel o quizás un reloj de bolsillo que fuera del abuelo o una bellota de las que solía recoger casi a diario para llenarme los bolsillos y así poder juguetear entre mis dedos con algo mientras caminaba, porque yo, siendo niño, paseaba muy mucho así muy a mi aire, algo que sigo haciendo aunque hoy en día prefiera verme libre de cargas e incluso de bolsillos. A mí lo que me devuelve a un tiempo preciso es, en los pretéritos, escuchar las músicas de Chico César y también de Judy Garland (aunque no sepa el por qué), y de los futuros, leer a Sturgeon o Mario Levrero y también a Karel Capek…o imaginar qué andará sucediendo allá en el Universo que no vemos y desconocemos. El presente lo vivo a veces durante una mudanza, es cierto, aunque la mayoría de las veces pues como que no.

      “O tempo passa mais
      a evoluçao é lenta”

      Lo mejor contra el oxidarse es darse (que no entregarse). En cuanto a esos artefactos, los ascensores, siempre pensé que deberían llamarse descensores, por aquello, quizás, de que una vez en la cima enfrentarse a la idea del descenso, en fin, da como desgana, y uno lo que en realidad desearía es seguir subiendo y subiendo y ya nunca más retroceder en los peldaños.
      Guisande, estoy convencido que Sole se nos ha aclimatado perfectamente allá en la montaña y, vuelta a lo dicho, ni hablar del peluquín en aquello de descender terreno. Seguro que suba o baje o se mantenga, allá arriba no le faltarán cestas de merienda que llevarse a la boca. Me daré una vuelta esta tarde por Folgoso no vaya a ser que en realidad lo que le ocurra es que no encuentre el ascensor.

      A quien le gusten las castañas pilongas que levante un dedo. Veremos qué se puede hacer…

      • Manuel Guisande dijo:

        Hola Miguel: Pues está bien que pase la vida y disfrutar de cada moemnto del presente, que todo es distinto porque con la mente abierta todo son sorpresas. Un abrazo. En gusto musicales Jeff Lorber /Alex Bugnon y Joyce Cooling, entre otros; pero ese estilo

      • Miguel Buján dijo:

        Si es tilo será malvácea. ¡Y qué buen humus el del árbol! Ya sabes, Manu, que de la podredumbre nacerán los brotes tiernos.

        Buen fin de semana y saludos a la sioux.

      • Manuel Guisande dijo:

        HOla Miguel: Eso, buen fin de semana, a descansar y papar moscas. Un abrazo

  2. titaju dijo:

    Creo que fue Lord Byron el que dijo que cinco mudanzas equivalen a un incendio.. yo llevo cuatro, y sólo una me traumatizó de verdad. Aún lloro pensando en ella y nunca vuelvo al pueblo.
    Si vuelvo a hacer otra mudanza, dejo todo atrás y lo compro todo nuevo, no vuelvo a empaquetar nada en lo que me queda de vida si puedo evitarlo.
    Detesto las mudanzas.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Titajú: Mi familia es una profesional de las mudanzas. Ahora ya no nos moveremos pero hubo épocas que decía pero porque no contratamos ya el circuito entero de los próximos 10 años, seguro que nos sale más barato. Un beso

  3. chelo dijo:

    Debía ser obligatorio hacer mudanza cada x años, porque solo en las mudanzas soy capaz de tirar cosas que no quiero, que no sirven, que quedan pequeñas, que no vas a usar nunca… y después en la casa nueva siempre aparece el trastero vacío (pero solo por unos meses, enseguida se llena de no se sabe que cosas inutiles: por si adelgazo, por si alguien lo necesita, por si se vuelve a llevar, porque da pena, porque era de mi hijo cuando era pequeño …)

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Chelo: Y liuego está esa otra historia de cuando encuentras cosas que te habñías olvidado de ellas, que es como si vinieran los Reyes Magos. Un beso

  4. rafael romero dijo:

    Hola Manolo:
    Con lo que me gustaban a mí las mudanzas, suponían habitación nueva,casa nueva, ya pensabamos a que jugar en la nueva terraza, un nuevo barrio, nuevos amigos………. todo nuevo, una aventura. Pero claro, cuando uno lleva tantas encima como es mi caso, y veo que el de muchos, te empieza a dejar de hacer gracia, ves que siempre te faltan cosas que no sabes cual es su paradero, tardas tres años o más en tener la casa en orden, bolsas y cajas interminables, muebles que ya no quedan como antes…… que te voy a contar………..¡¡¡ QUE NO ME MUEVO MAS !!!.
    Para los aventureros, recomiendo las mudanzas a la antigüa usanza de los Rumanos, la burra, la carreta, las cacerolas colgando, la hermana pequeña con su pandereta…….. y a intentar rebajarle el peso a la mula, eso si que eran mudanzas. UN ABRAZO

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Rafel: Las mudanzas la verdad que son unrollazo, te ponen de mal humor, term,inas echo polvo…. a no qué la hagan por tí, claro; pero como los tiempos cambian… pues nada que hasta eres capaz de meter un tresillo en un Seat 600. Un abrazo

  5. Nela dijo:

    Yo he perdido la cuenta de las mías, porque primero com ,i padre guardia civil, estuvimos de pueblo en pueblo, hasta que recalamos en Vigo y aún alli nos cambiamos tres veces de casa (siempre para mejorar) y luego me casé con un marino, se ve que para no perder la costumbre de los traslados.

    Así que también ando curtida en el tema y ni te cuento de los viajes en aquellos trenes de tercera, con los asientos de madera y las maletas atadas con cuerdas…¡pero que bien me lo pasaba!

    Besos
    nela

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Nela: Pues ya te imaigino yendo de un sitio a otro con toda la familia. Yo viví en unos ocho sitios pero en La Coruña, traslados, pues unos cinco más o menos cuando estaba soltero y dos de casado. Vamos, toda una experiencia para mi cuerpo. Un beso guapa y un placer verte por aquí.

  6. Cristina de la Coruña dijo:

    ¿Y porqué tenía yo esa oposición a la mudanza?…recuerdo que cuando nos mudamos a la otra casa que estaba al dar la vuelta a la esquina, yo no quería, y mis padres me decían:¡pero si vamos a una casa mejor, con ascensor, con calefacción central y hasta con microondas?? y yo, respondía: me da igual….no quiero irme…¡¡que frio se pasaba enfrente de la playa del Orzán todos los inviernos, el olor a humedad de la ropa, dormir con calcetines y dos mantas, casi te abrigabas más cuando llegabas a casa que al salir de ella…..pero definitivamente al llevar una semana en la casa nueva, ya me había olvidado de todo esto..

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Cristina: Yo una vez alquilé un piso que nunca le había dado la luz, ni le dará, y te lo juro que era imposible vivir allí, hacía frío hasta en agosto. Y como tu dices estaba más anrigadoi en casa que afuera. Un beso

  7. Coherente dijo:

    Si me lo permites, quiero aprovechar para saludar desde aquí a mi santo.
    Cada vez que empaquetamos juntos, veo cuánto me ha dejado acumular entre casa y casa… miles de cosas variadas que jamás utilizo, que lo sabe muy muy bien, y me lo demuestra cuando al preparar las cajas digo: Dios! pero para qué guardé esto si nunca lo usé. Él sólo asiente.
    Con todo mi amor.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Coherente: Ahora entiendo lo de coherente, por dar las gracias a tu marido. A mí me pasa algo parecido, todo para guardar, pero cuando vivía solo, ponía la lareira y allí como si fuera Altos Hornos de Vizcaya, fuego y más fuego, todo en cenizas y yo feliz. Un beso

  8. sole dijo:

    Hola Manu…
    en las mudanzas siempre se pierde algo… o ” algos”… yo no tengo demasiadas experiencias… creo que 4 en mi vida… de unas ya ni me acuerdo… tan solo que de un día para otro ya no estaba en la misma casa… ya con más años… en un ir y venir … sin saber muy bien lo
    que llevar porque me esperaba una vida de vai-ven… ( me había casado con un futbolista)… cuando el vai-ven se acabó… otra vez de nuevo embalando cajas, poniéndoles los nombres, por si acaso… y todo yo solitaaaa… tiene su ” aquel” lo de los cambios… tal vez como yo no he tenido el récord que tú en esas batallas, me hubiese gustado, por eso de conocer otros lugares de pequeña y un ” montonazo” de amigos…

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Sole: Mira si habré cambiado de sitio y de ciudades que eso que tiene todo el mundo “compañeros de colegio”… yo no; yo lo que tengo es miles de amigos por todas parte, pero compañeros de colegio, con lo poco que durábamos en los sitios…. Un beso

  9. Mónica dijo:

    En mi vida de soltera nunca nos mudamos(mis padres son muyyy clásicos), pero yo ya llevo cuatro, y sigo emperrada en que algún día tendré una casita de dos plantas en la ciudad( Vale, soy una ilusa, pero no tengo porque dejar de soñar…).Y a mi me parece que lo mejor de mudarse, es la esperanza de empezar una vida mejor…Y por eso me encantan las mudanzas!!!!! Un beso Guisande

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Mónica: No es soñar, es vivir, de dos o tres plantas … por qué no. Y sí, cambiarse de casa es siempre una aventura conocer otra gente empezar una nueva vida y eso, eso es fascinante. Un beso

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