¿Y quién no hizo una gamberrada?

¿Quién no ha hecho una gamberrada o, lo que nuestras madres dicen en su argot siempre benevolente, una trastada; o es que vas a ser tú ahora un santo? Pues no, hombre no, que tú también has hecho de las tuyas. Yo realmente más que gamberradas lo que hacía eran estupideces. Por ejemplo, cuando estudiaba Derecho en Santiago, una de las aficiones era subir por la noche a la catedral con algunos amigos, como Gumersindo Villar García-Moreno o Javier García Elespe, llevar instrumentos musicales, unos bocadillos, dar un pequeño concierto y echar más humo que el botafumeiro, sí de ese, claro.

También en Santiago, lo que hacíamos (y reconozco que no era muy loable), cuando estábamos sin un can era «donar» sangre para luego invertir en copas las 300 pesetas que nos daban. Y más que envidia nos daba un tío al que conocíamos que tenía un tipo de sangre raro y le daban 600, pero como si le dieran 10.000 porque era aburrido… Total, que sobre las tres de la madrugada te encontrabas sin un duro, sin sangre y supongo que más delgado y tirando a pálido. Quizá por eso de los remordimientos, ahora soy donante, pero donante de todo y en vida, para compensar, que hasta ese punto llega mi arrepentimiento.

Pero tal vez la mayor gamberrada que hice fue, ya con cierta edad, a un alcalde de un minúsculo pueblecito que no atendía a las peticiones de unos vecinos que se habían quedado sin agua para sus casas, ni para el campo, ni para los animales, por lo que todos los días tenían que ir a una fuente con todo tipo de envases, cuando además tenían una edad más que avanzada. Y así durante tres meses.

Como ni los escritos ni las denuncias de la situación en el Ayuntamiento surtían efecto, decidí actuar y, como dice mi mujer, la sioux: «¡¡¡¡No, por favor, no pienses!!!!». Pero pensé. Así que, aprovechando la fiestas patronales, el alcalde, que ya tenía unos 60 años, y pongamos que se llamaba Luis Tortueso Remolque, y que tuviera un supermercado, cuando el ambiente estaba más caldeado (verdad, qué cosas tiene el cerebro o por lo menos el mío), entregué un papelito al cantante del grupo que en ese momento tocaba en la plaza del pueblo.

Micro en mano, el pobre muchacho, creyendo que hacía un acto humanitario, hizo un silencio entre el público y leyó: «los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, más conocido por Luisito, el del supermercado, se ha perdido. Si alguien lo encuentra, sus padres lo están esperando a la derecha del escenario». Unos se miraban entre sí desconcertados, otros se preguntaban cómo era posible que se perdiera el alcalde, con 60 años, hacían comentarios en bajo, y los más, se reían; yo… ni te cuento.

Y cuando ya la fiesta sobrepasaba las tres de la mañana, oigo en medio de otro silencio sepulcral: «Por cierto, que los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, Luisito, el del supermercado, podrían tener la delicadeza de decir si ha aparecido o no». Yo no sé si el grupo ya había cobrado del Ayuntamiento, o si dejo de cobrar, o si lo volvieron a contratar. Agua no hubo, eso también es cierto, pero risas… durante semanas y bastantes.

Pero, a veces, no es la gamberrada, sino la idea. Un día mi padre, con el que me llevaba muy bien y al que me unía, además de lazos consanguíneos, el absurdo más absoluto, me dijo algo más o menos como lo que sigue. «Yo no entiendo esas gamberradas de romper una papelera o tirar piedras a una farola. Te imaginas el placer que tiene que ser estar en Lugo, acercarte de noche, despacito, a la muralla, y no digo destrozar nada, pero darle una pequeñito puntapié y pensar que le estás dando una patada a todo el Imperio Romano…». Joé, cada vez que lo pienso… Dios, qué placer.

Pd. Anímate y cuéntanos la tuya, de forma tranquila, como sedado, piensa que este blog es un medicamento, en caso de………………….

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26 respuestas a ¿Y quién no hizo una gamberrada?

  1. Joaquín dijo:

    Gracias Guisande, la historia del alcalde es maravillosa. Metido en la oficina un domingo por la tarde, así que vuelvo a agradecerte este pequeño respiro.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Joaquín:
      Oye, que me eqivoqué de alcalde, te referías a la broma; pensaba que te referías a la historia de los lobos. Gracias por tu comentario y me alegro que por un momento hayas sonreido. Un abrazo

  2. Beatriz dijo:

    Vamos allá.
    Lo confieso. Fuí yooooo la que se comía las tiernas zanahorias que una vecina cultivaba en un “regato pequeno” que corría junto al lavadero de San Pedro de Visma (La Coruña). De eso hace ya la friolera de 40 años.
    En mi defensa tengo que decir que la cosa comenzó con la inocencia de una niña que creia que nacía allí por generación expontánea (yo tenia 6 años). Pero declaro que seguí comiendomelas después de saber que era una señora, la mano divina, que las plantaba allí para luego venderlas.
    Uf, que descansada me acabo de quedar, ya no me iré de este mundo con ese peso en la conciencia.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Beatriz:
      Me podía imaginar de todo con este blog, pero nunca pensé que también fuera una especie de confesionario para salvar almas. Me alegro que te sientas liberada. Un beso. Gracias por tu comentario

  3. aal dijo:

    La mayor no, pero sí de la que mas me arrepentí.

    Mi madre cenaba -cena- en ocasiones papas de maíz. Las papas son un instrumento gastronómico peligrosísimo. Enfrían la superficie pero se mantienen interiormente ardiendo; como no tengas cuidado, adiós, quemadura de primer grado en la lengua y los labios.

    Una vez mi madre había dejado unas papas a enfríar encima de la mesa. Como aquel día estaba yo medio cabroncete, pensé gastarle una “broma” a la Pitusa -una perrita que teníamos en casa-. Puse las papas en el suelo y la llamé con toda mi mala leche. Pitusa¡¡¡¡. Pitusa¡¡¡¡ ven¡¡¡¡ y Pitusa vino corriendo por la leira adelante moviendo el rabo para subirse a mis piernas. La cogí y después de tranquilizarla un poco la puse delante de la perola. Olisqueó las papas y como si no hubiera comido en varios días abrió la boca, sacó la lengua y metió bien el hocico que, para los perros, es como si usted metiera en agua hirviendo la planta de los pies, por ejemplo. La pobre salió corriendo y lamentándose camino abajo que ya no la volví a ver en toda la mañana. Pobre. Cuánto pude haberme arrepentido.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola aal:
      Me imagino a la pobre Pitusa, seguro que después ya se acercaría a tí con más cuidado ¿no?. Gracias por tu comentario.

  4. PMM dijo:

    La historia es genial, y con ella has conseguido además una seguidora incondicional. Reirse es de las mejores cosas que tiene la vida y con tus historias es muy fácil. Pensaré en alguna gamberrada para contar, aunque yo de niña era buena, muy buena. De mayor, ya no tanto.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola PMM:
      Yo es que siempre me he reído mucho. Recuerdo que de adolescente en vaias ocasiones me echaban de clase porque a lo mejor explicaban algo, dejaba volar mi imaginación, me reía y entonces el profesor decía. «¿Y usted señor Guisande de qué se ríe?». Y yo me decía, «sí, voy a contarle a este tió yo de que me rio si no hay forma de explicarlo». Me agrada que te guste lo que escribo y que seas una incondicional. Gracias por tu comentario.

  5. isabelita dijo:

    A ver Guisande, que no es que todos hayamos hecho trastadas; es que en algunos casos nos encanta seguir haciéndolas. Son la sal de la vida, no te parece? Yo me lo paso bárbaro cada vez que se me ocurre alguna y puedo hacerla, claro, y por supuesto me encanta la gente que tiene ingenio y poca verguenza para, a cualquier edad, seguir teniendo ese sentido del humor que, por otra parte, nos hace la vida mucho mas agradable. Pues sí, porque con un poco de “coña” todo se ve de otro color, ó de muchos colores. Es que tanta seriedad………pues no! Besos y hasta pronto.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Isabelita:
      Yo es que sigo siendo un niño mayor y no lo puedo remediar. Ya no hago trastadas, excepto la que hice al alcalde, pero sí; la verdad me río de muchas cosas. Yo creo que es algo innato. Naces así y así eres ¿no crees?. Pues aver si me cuentas alguna gamberrada, que seguro que puedes escribirla. Gracias por tu comentario.

  6. Mechu dijo:

    Demasiado bueno lo de la patada a todo el Imperio Romano, ¡qué imaginación! Ya veo de donde te viene lo gracioso, son los genes de tu papá. Cuán cool reírse así un lunes por la mañana (o cualquier día, ya que estamos… 🙂 )

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Mechu:
      Pues sí, supongo que todo el mundo piensa lo mismo de su padre, pero el mío en el sentido del humor y la imaginación, para mí era excepcional, nos contábamos cosas tan absurdas y no te creas que nos reíamos a lo loco, nos mirábamos y era una leve sonrisa. De verdad que con él lo pasaba y lo paso genial porque lo tengo tan a mi lado. Ya nos contarás alguna trastadas tuya. Gracias por tu comentario

  7. Anxo dijo:

    En general yo soy una persona formalita, incluso con cara de niño bueno. Pero años atrás también los espíritus gamberriles tomaron posesión de mí. Siendo adolescente fui a un colegio con internado, de esos con pasillos largos, a cuyos lados veías tropecientas puertas que daban a las habitaciones. Se dio la casualidad de que un año una llave de mi casa había ascendido de categoría y se había convertido en llave maestra de muchas habitaciones. Vamos, que podía entrar en casi todas las habitaciones de mi pasillo. Debía estar bastante aburrido y decidí en mis adentros iniciar la tradición de los “muertos”: meter en la cama de algunos de mis compañeros almohadas y cojines simulando una persona muerta. Quizá le ponía sombrero y peluca; de esto no me acuerdo. Incluso me molesté en hacer una esquela fotocopiando elementos de varias, estilo collage. Creo que también puse velas alrededor.

    Se inicia la película. Digamos entre las 9 y media y las 10 de la noche, después de cenar. Posiblemente invierno. El viento agita los cristales (no porque el viento sea muy fuerte, sino porque la ventanas son del año catapum). Noche sin luna. No se ve un pimiento en el pasillo. Yo ya había entrado en mi habitación, muy cerca de la escena del crimen, esperando que la víctima, llamémosle Javier, un chico tímido y un poco miedica, fuese a su habitación. Se escuchan pasos. Dos o tres compañeros -entre ellos Javier- vuelven a sus aposentos. Javier entra, confiado. ¡Aaaaaaarrrgh! Un alarido de pavor rompe el silencio, y el salto hacia atrás de Javier casi le hacer romper la puerta de enfrente.

    Ay Dios mío, qué risa. Los compañeros fueron a mirar qué había pasado y se empezaron a desternillar. Menos mal que Javier no era una persona violenta, si no el muerto sería yo. El caso es que se lo hice a varias personas y más de una vez. Con gente como yo no me extraña la mala fama de los colegios con internado.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Anxo:
      Es que si de joven o menos joven no haces alguna trastada, es que no eres ser humano, sería una ciruela, por ejemplo. Gracias por tu comentario.

  8. Helena dijo:

    hola wapeton!!llevo tiempo siguiéndote, bueno en realidad en los últimos días no he tenido mucho tiempo, sólo quería darte las gracias por las risas que me hecho cuando leo algo que has escrito (la verdad que no me has decepcionado ni un ápice), eres el crack que recuerdo del banco de los enamorados…ja,ja. Un punto más sobre el que quería que tuvieras conocimiento: he llegado a comprender, quizá algo tarde (eso lo juzgarás tú) el hecho de que el periodismo requiere paciencia y mucho escuchar a la gente, la de cosas que aprendes… Ahora mi trabajo es distinto, pero, en cierto modo, se parece, y, lo más importante he llegado a comprender las lecciones de la calle de las que hablabáis… en esos “pequeños momentos de ocio”. Un abrazo muy grande… Gracias por todo lo que he aprendido del arte de la escritura con un colega. Un abrazo, ¡¡¡¡que te leo desde “A Terra Chá”. Hasta la próxima…

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Elena:
      Pues me agrada saber que todo el tiempo que estuviste aquí en la sección te haya servido. Es lo más bonito que a uno le puede pasar, que lo que hayas enseñado, mucho o poco, pero siempre con la mejor intención y cariño, sirva para los que empezáis. Y como te conozco, bacalao, espero que me cuentes algunas travesura tuya, que seguro que la tienes. Un beso muy fuerte y ya sabes donde me tienes para cualquier duda. Gracias por tu comentario

  9. Marina dijo:

    Hola Guisande!
    ¡Enhorabuena! me ENCANTA tu blog! Ya hacían falta en la blogosfera blogs como el tuyo.
    Pero… bueno, en relación al post… como todavía sigo en mi edad “gamberra” prefiero esperar unos años para contarlas ejejeje
    Un besiño
    Marina, tu amiga portuguesa/brasileña

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Marina:
      Me alegro que te guste el blog y que seas una asidua lectora. Lo de esperar no me lo crreo, seguro que ya has hecho alguna de las tuyas. Así que déjate de rollos y cuéntanos alguna gamberrada. Un beso. Gracias por tu comentario

  10. leopoldo dijo:

    Yo también aproveché la confusión reinante en una entrañable verbena de pueblo para decirle al cantante de turno que le dedicase a la peña “Los inspectores” la siguiente canción…semejante peña no existía y era el mote que habíamos puesto a tres hermanos del pueblo muy serios y estudiosos que siempre gastaban gabardinas del tipo inspector Colombo…y lo más divertido es que ese dia estaban con nosotros en la verbena y ni se enteraron¡¡.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Leopoldo:
      La verdad que eso de enviarle un papelito al cantante funciona, pero la faena que haces también es grande; pero hay gente petarda, como el alcalde del que cuento mi trastada, que se lo merece. Gracias por tu comentario

  11. Julius dijo:

    En cierto colegio hubo una vez unos “desalmados” que sentaron comodamente al esqueleto del laboratorio de ciencias naturales dentro del confesionario de la capilla. Con el ambiente en penumbra, el grito que pegó el cura al entrar os lo podeis imaginar. Casi le da un infarto al pobre hombre.

    Cualquier mencion a esta fechoría fuera de este blog la negaré siempre, es decir, no sé de que me estais hablando y, por supuesto, no conozco a ninguno de los intervinientes.

  12. urbano dijo:

    uff, esas trastadas o gamberradas de la infancia y adolescencia dejan un poso imborrable en la personalidad de cada uno.
    Yo fui bastante gamberro, hoy soy un respetable padre de familia y empresario, ni fumo ni bebo y por mujer solo conozco a la mía. Pero hace quince años, madre mía que tiempos.

    La gamberrada más grande que recuerdo fue quemar un buzón de correos en una céntrica calle de Vigo. Corría el año 94 o 95 e ibamos prendiendo fuego a lo que no servía y a lo que servía también. Me gustaría poder disculparme con cada uno de los afectados por aquello. Me hubiera gustado poder decirle a los que esperaban una carta que nunca llegó que la culpa fue mía.

    En fin, no pasa rememoración en la que no me arrepienta.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Urbano:
      ¿Pero cómo llamándote urbano hacías esas trastadas en una urbe….? es que no tenías cabeza. Pues nada, aquí queda tu remordimiento, que esto últimamente parece un confesionario, perio si ayuda… Y míralo de otra forma y sé optimista, gracias a que esa chica no recibió esa carta no se casó con ese petardo y ahora es feliz. También tu… ganas de mortificarte. Gracias po tu comentario

  13. ¿¿?? dijo:

    Pues yo una vez, borracho como una cuba, me meti en el instituto(con 14 años) y con mi mejor amigo empezamos a destrozar todas las clases. Al día siguiente, al llegar a clase nos dijeron que nos volvieramos a casa asta que repararan la clase, por que fue muy, muy bestia, los cristales rotos, las mesas destrozadas, un monton baldosas rotas y aprobechamos para robar los examenes que nos ponian pasado mañana… y aquella otra vez, a las dos de la madrugada, nos colamos en un club de tenis y empezamos a robar cosas y pusimos un monton de grafitis firmando como un amigo nuestro que iba a ese club. O aquella vez que nos colamos en un hotel por la ventana de una habitacion y robamos todos los extintores posibles… Que buenos recuerdos…

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola ¿¿ ??: Bueno, menos mal que por lo que veo mejoraste ¿no? :). Un abrazo y bievenido al blog, de verdad gracias.

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