París, otra situación «pailán»

Después de escribir el artículo «cuando vives el momento pailán» y de recibir varios comentarios en los que los bloglectores se contaban simpáticas situaciones que han vivido, me acordé de otro suceso que me ocurrió en París. Y digo París no por fardar, sino porque este tipo de efemérides (porque las recuerdas todas las vidas) suelen ocurrir siempre en sitios, digamos, avanzados.

Lo que me sucedió fue a mediados de los ochenta, cuando, en compañía de Gumersindo Villar García-Moreno, que en la actualidad trabaja como bibliotecario en la Universidad Complutense de Madrid, y del amigo y periodista José Luis Álvarez, que entonces estaba en El Ideal Gallego, nos fuimos a recorrer mundo.

El caso es que estando en la capital francesa fuimos a una de las mejores cafeterías por eso de ver cómo eran y de disfrutar, que para eso estábamos de vacaciones, aunque andábamos sin un real. Pedimos lo mínimo, un café (que nos costó como si hubiéramos pedido bacalao al pilpil) y, al poco rato, tuve una imperiosa necesidad de ir al cuarto de baño. Así que me acerqué a la barra y con boca de piñón dije: la toilette (que se pronuncia tualé). La persona que estaba al frente del local ya ni me explicó dónde se encontraba porque dedujo que no era francés, sino más bien lelo, y que si me respondía no le iba a entender, así que muy amablemente (y gracias a Dios que no era manco) señaló con su mano por dónde estaban los urinarios.

Entré en los servicios y encontré una estancia de unos diez metros cuadrados, a la derecha unas preciosas griferías de color dorado, asentadas sobre mármol de color crema, y unos impresionantes y brillantísimos espejos, que ya fue mucho ver para la situación de necesidad en la que me hallaba.

Miré alrededor y no vi dónde había que hacer pis, pero lo peor, no había nadie. La primera pailanada fue pensar. «París, el gran París. A lo mejor esto es solo para lavarse las manos y hay una puerta que va a los urinarios». Me fijé en las paredes y no veía ninguna puerta ni nada que se le pareciese. Cada vez tenía más ganas de… de eso, y lo peor, nadie entraba, lo que era raro porque la cafetería, aunque no estaba llena, sí había suficiente gente como para que al menos apareciera un meoncillo, pero no. Entonces me dije: «Pues no queda otra que esperar», y me puse frente a uno de los grifos para disimular, porque, claro, no sería normal aguardar a alguien en medio de la tualé, que a lo mejor creía que estaba a la espera de algo… y no, que uno es liberal, pero no tanto, tú ya me entiendes.

Cada vez tenía más ganas, miraba insistentemente para ver si entraba alguien, me ponía nervioso y cometí un gran error. Sí, un fatídico error; con el fin de disimular perfectamente tenía las manos debajo del grifo e, instintivamente, lo abrí.

El fluir del agua incidió profunda y directamente en mí y, cuando ya estaba en una situación límite, por suerte entró una persona (ahora ya hay cuartos de baños así, pero en los años ochenta…) y se fue directo a una pared. Entonces lo seguí y comprobé cómo por ella caía una finísima película de agua que se tragaba el suelo. De verdad, y si soy sincero, porque estaba en un cuarto de baño, pero al finalizar, lo juro y que venga Dios y lo vea, estaba por abrazar al colega del urinario; ponerme de rodillas y hacer la ola o dar brincos hasta Bilbao. Y es que no era para menos, había llegado en el último momento, cuando la gota rebasaba el vaso.

Anímate y cuéntanos tu situación «pailán»

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2 respuestas a París, otra situación «pailán»

  1. susana dijo:

    Hola, Guisande. Mi momento pailán (también conocido como momento Paco Martínez Soria) no fue en el extranjero, qué va. Fue en casa de unos amigos en Perillo. Era el cumpleaños de uno de ellos y yo llevaba la tarta. Total, que mi amigo me lleva a la cocina, abre la nevera y coloca el pastel en la bandeja de arriba, junto a la luz. Y voy yo y le digo: “No, ahí no, que se puede estropear…” Mi amigo me miró y me dijo descojonado: “Su, que la luz se apaga al cerrar la puerta de la nevera”.
    Bueno, a día de hoy para mis amigos sigo siendo la pailana de la luz de la nevera.
    Un bico

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Susana:
      Gracias por participar en esteconcurso de pailanadas. Pues sí que tu amigo se reiría, pero claro, que todo depende de la nevera, porque a veces la mía está muy luminosa porque me olvido y la dejo abierta. Es cierto, las pueden suceder en cualquier momento y en cualquier lugar, pero por lo general son en sitos a los que no solemos ir: Un hotel de 5 estrellas, una ciudad muy moderna, una casa con las últimas novedades en electrodomésticos…. Gracias por tu comentario. Un beso

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