Cuando vives «el momento pailán»

Ya puedes viajar lo que quieras que, cuando menos te lo esperes, vivirás «el momento pailán». A mí me sucedió en Estados Unidos, en una localidad que se llama Bear Creek, en Texas, en la casa de mi amigo Kevin. La vivienda era la típica de esas que se ven en televisión: el garaje a la derecha, la entrada a la izquierda y un terrenito de unos 60 metros cuadrados frente al inmueble.

En la primera planta las habitaciones y en la parte de abajo un inmenso salón con su cocina, una barra americana y todos los electrodomésticos que uno pueda imaginar y que se podían utilizar con un mando. Para que no faltara nada, en la parte trasera, que no se ve en televisión, hay un campito donde suelen instalar una pequeña piscina y una canasta de baloncesto con los colores de la bandera americana por si quieres hacer un triple o un aliup. O sea, la felicidad total.

Como en la casa no se podía fumar, la solución era salir a fuera, echarse uno o dos cigarrillos y volver a entrar. La verdad es que no los saboreas mucho, pero… algo es algo. Así más o menos fui tirando la mañana del primer día de mi estancia en USA, entrando y saliendo de la vivienda para nicotinarme.

Todo estaba perfecto hasta que a las doce de la noche, cuando mi amigo ya estaba dormido, decidí fumar un pitillo. Así que bajé despacito, sin hacer el mínimo de ruido con la intención de salir fuera para no dejar rastro alguno de humo. En puntillas me acerqué a la puerta y al abrirla ¡¡¡¡Noooo!!!. Comenzó a sonar una estruendosa alarma. Ni que decir tiene que mi amigo bajó a toda velocidad y me encontró en calzoncillos, en camiseta y con un paquete y un mechero en la mano, simplemente, penoso.

Desconectó la alarma y me explicó lo que tenía que hacer para que no funcionase si quería fumar. Abrió una caja que estaba oculta en una pared y me empezó a decir qué botones debía pulsar y, al segundo, le dije: «Déjalo, no fumo», a la vez que pensaba que aquello era más complicado que el manual de la BlackBerry, que son 278 páginas.

Al día siguiente, al levantarme, me encontré solo en casa ya que mi amigo había ido a trabajar y no volvía hasta las siete de la tarde. Desayuné y cuando iba directo a la calle a echar un cigarrillo pensé: «¿Y si salgo y la puerta se cierra automáticamente, porque aquí todo es automático, y no puedo después entrar?». Y también al momento cavilé: «¿Y si mi amigo tiene un sistema que si abro la puerta suena la alarma y, como es el primer día que estoy aquí, se olvidó desconectarla?».

Y como el asunto iba in crescendo me cuestioné: «¿Y si suena la alarma y como no sé desconectarla vienen los vecinos, y como no sé inglés y estos están armados hasta los dientes y creen que soy un ladrón me fríen a tiros?». Estaba ya en total paranoia cuando me dije: «Abro la puerta y que sea lo que Dios quiera, pero yo fumo con o sin alarma». Me armé de valor, me acerqué a la puerta, agarré la manilla, abrí rápidamente y… no sonó la alarma.

Pensaba que todo había pasado cuando entonces me asaltó otra duda existencial mientras encendía el cigarrillo y con un pie sujetaba la puerta abierta: «¿Y si ahora la cierro y mi amigo tiene un sistema que no se puede abrir tras cerrarla o tiene una alarma que previamente hay que desconectar siempre que se entra en el día por primera vez?». Así que estirándome como pude cogí una maceta que había cerca y la puse entre la puerta y la entrada y así quedó hasta las siete de la tarde. Cuando llegó Kevin le expliqué lo sucedido. No me llamó pailán, porque no sabe lo que significa, pero seguro que sí hick, que más o menos es lo mismo.

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24 respuestas a Cuando vives «el momento pailán»

  1. pablo dijo:

    De pailanes está lleno el mundo y más cerca de lo que uno cree, pues gracias a internet están todos los pailanes a tiro de 1 clic

  2. Juan Guisande dijo:

    hola manuel, quisiera decirte que tu anecdota narrada, esta muy entretenida…gracias por avisarme…nos vemos…saludos

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Juan:
      Me alegro que te haya gustado porque esa es la finalidad de este blog, que la gente sonría, aunque solo sea un poquito. Si es así, para mí es lo más importante. Normalmente cuando publico un artículo en el blog, lo pongo en facebook. Gracias por tu comentario y ánimo, que ya estamos en miércoles y pronto llega el fin de semana.

  3. josé gil de bernabé sánchez dijo:

    Como me suena esta historia!!!!! Enhorabuena por este blog.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola José:
      Sí ya te decía yo que este blog no estaba tan mal. Ya sabía que malo sería que no te rieras un poco con algún artículo. Gracias por tu comentario y hasta la próxima cerveza, que espero que sea pronto. Un fuerte abrazo.

  4. aal dijo:

    Grande Guisande¡¡¡¡¡

    Momentos pailanes tengo varios, pero dónde más pailaroco me sentí siempre es en los hoteles.

    Me ocurrió en Zamora. Llego al hotel y en recepción me dan una tarjeta. Los recepcionistas deben imaginar que alguien que va a hospedarse en un hotel de 4 estrellas ha de saber para qué sirve y como tampoco quieres quedar de cateto no preguntas: “ah, vale. Gracias”. Pero ni zorra.

    Llego a mi habitación y tras darle algunas vueltas a la tarjeta deduzco que es para abrir la puerta. Listo que es uno. Hubiera resultado bastante embarazoso que alguien hubiera pasado por allí mientras te tomas un tiempecito para analizar la relación entre la tarjeta y el agujero de la puerta. Cualquiera sabe para qué sirve la dichosa tarjeta, claaaro, así que paranoico y medio imaginas que se reirán de ti de la forma más humillante: “ji ji ji, pobrecillo ese”.

    Abro la puerta e instintivamente busco el interruptor de la luz. Vaya. No hay luz. En un hotel de 4 estrellas y el vestíbulo sin luz. Quizás la bombilla de la lámpara esté fundida. Busco el interruptor de la habitación y tampoco. Nada. Sin luz. ¿Cómo es posible? ¿Qué clase de servicio ofrece este hotel?. Si se han olvidado de “darme” luz, seguramente tampoco limpian los baños, ni cambian las sábanas ni nada. Qué asco. Así que muy digno llamo a recepción y les pido que tengan la amabilidad de darme luz en la habitación, que si me dicen dónde está el cuadro eléctrico -que busqué y no encontré- ya me ocuparía yo. “¿Cómo dice el Señor?”. “Si, por favor, la luz”. “Disculpe señor, debe introducir la tarjeta en la ranura que hay junto a la puerta y ya tendrá luz” “Ahhhhhh. Claro. Gracias ehhh”

    Eso…y contestar el teléfono cuando llaman para despertarte, lavarme y no ducharme porque maldita sea lo complicados que resultan algunos mandos de ducha, etc, etc, etc.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola aal:
      Pues a mí hace poco casi me pasa lo mismo en Palencia, pero como el hotel no era de cuatro estrellas, el recepcionista ya nos dijo lo que había que hacer. Momentos tenemos todos y más que varios. Esperemos que alguien nos cuente otro y así disfrutar con lo que nos ocurre a diario. Gracias por tu comentario y a ver si otros se animan.

  5. Vane dijo:

    ¡¡¡MUY BUENO!!! Yo habría hecho lo mismo que tú, y si no hubiera maceta para aguantar la puerta, arrastraría el sofá, pero a mi encerrada no me dejan, jajajajaja.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Vane:
      Muy pero que muy simpático tu comentario. Me reí mucho con lo del sofá antes que quedarse encerrada, claro que en mi caso era por fumar. Vane, gracias por tu opinión.

  6. Isabelita dijo:

    Hola Guisande, muy divertido todo lo que escribes, tal cual eres! Bueno,yo quería contar algún momento pailán, pero lo cierto es que para mí sería mas fácil y casi mas curioso un momento “no pailán”, ya que en mi caso es mucho mas anecdótico. De todas formas, es divertido ser pailán ¿ó no? Sigue escribiendo cosas que me lo paso muy bien.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Isabelita:
      Qué alegría verte por aquí. Tanto como que tus momentos son todos pailanes y que la anécdota sea que no es pailán… pues no Isabelita. Espero que sigas leyendo el blog y que te divierta porque esa es la única finalidad. Gracias por tu comentario y un beso.

  7. A.fernandez dijo:

    Guisande todos somos pailanes-as alguna vez, o muchas veces.
    Porque no aprovechaste para dejar de fumar….

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola A. Fernández:
      Estados Unidos es el país perfecto para dejar de fumar, tengo escrito un artículo sobre esto. Trataré de publicarlo pronto. Lo que pasa es que yo estuve solamente 15 días, si llego a estar un mes, seguro que lo dejo porque es casi imposible fumar tranquilo. Ya te/os lo contaré. Gracias por tu comentario. Cuéntame tu caso.

  8. Javier Armesto dijo:

    Bueno, ya que alguien ha hablado de hoteles yo recuerdo un momento pailán en el Sheraton de Bilbao (5 estrellas, es que los de Bilbao somos muy rumbosos…): era un viaje de trabajo y como siempre que voy a un hotel, lo primero que hago al tomar posesión de la habitación es mirar qué hay en el minibar… Llamémoslo curiosidad periodística. El caso es que abro la clásica neverita y entre botellas de agua mineral, tónicas y bolsitas de frutos secos veo una cajita de colores que me llama poderosamente la atención. Pienso que son caramelos o gominolas y la cojo para ver exactamente de qué se trata y resulta que eran condones de colores, de la marca Benetton para ser más precisos. Y, bueno, como ya digo era un viaje de trabajo, así que nada, los dejo en su sitio, cierro el minibar y en ese momento me doy cuenta de que hay una pegatina en la puerta que dice: “Minibar electrónico, cualquier producto sacado de su estante será inmediatamente cargado en su cuenta”.
    No recuerdo si finalmente figuraba en la factura, supongo que sí (tampoco me voy a poner colorado por eso), pero bueno, que desde entonces sé que existen los minibares electrónicos y que si veo una cajita de colores mejor me agacho a ver qué es antes de tocar nada…

    Saludos

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Javier:
      Me ha hecho mucha gracia porque, además, claro no se trata de gastar los condones por gastar, joé si fuera otra cosa…. pues te las comes o bebes, lo que sea, incluso de recuerdo o para regalar. Cualquier cosa, pero justo vas acoger (la vida es así) lo único que si lo utilizas menudo lío y si lo guardas, a ver cómo explicas que los tienes cuando llegas a casa. Pues sí que son un chollo los minibares electrónicos, sacas algo y ya te lo cobran; vamos, que no ves la pegatina, estás aburrido, emnpiezas a sacar cosas y ya te veo renegociando con eldueño del hotel la factura y diendo que sí, que pailán total, lo que quieras, pero no me arruines. Espero que otros se animen y nos cuenten cosas tan graciosas que, además la mayoría de las veces ocurre en los hoteles ¿verdad?. Gracias por tu simpático comentario. Javier Armesto tiene un blog en La Voz que trata sobre arquitectura, que está él muy puesto en eso. El enlace es http://blogs.lavozdegalicia.es/javierarmesto/

  9. Alís dijo:

    Hola, Guisande
    Ya que andas llorando por comentarios, voy a aportar mi granito de arena. De todos modos, no midas los lectores por comentarios recibidos o acabarás suicidándote. Te leemos, y seguro que muchos, porque nos divertimos, pero siempre da pereza escribir y no siempre hay algo interesante que decir. Yo no te voy a contar una pailanada, no porque no las haya vivido (¡y las que me quedan!) sino una situación desaprovechada para dejar de fumar que me recordaste con tu artículo. Hace dos inviernos fui a pasar una semana a casa de unos familiares en Montreal. Eran -12º a mediodía y -18º por la noche. Como no podíamos fumar en la casa, salíamos a la calle. Imagínate: absolutamente tapados, salvo los dos dedos para sujetar el cigarrillo y la boca para fumar, y aún así, congelados. Como daba pereza andar saliendo a cada rato, que en casa estábamos con calefacción, aprovechábamos para fumar dos o tres pitillos del tirón. Cuando entrábamos en casa estábamos heladitos. Sólo estuve una semana y soy muy, muy fumadora, pero estoy segura que si paso un invierno en Canadá no querría ver un cigarrillo en toda mi vida.
    Sigue así

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Alís:
      No me quejo, que la verdad la gente que me lee es muy agradable. Te comprendo perfectamente lo de fumar porque en Texas estaba aburrido de salir de casa para fumarme dos pitillos. Ya no te digo si tienes que salir a la calle a -12º o, al contrario, a +35º….. pues lo dejas fijo. Pronto voy a escribir uno sobre dejar de fumar y Estados Unidos. Gracias por tu comentario.

  10. Manuel dijo:

    Será por “pailanadas” de esas… bueno, tampoco es que yo sea una mina, pero en fin… No voy a contar nada de EEUU ni de Canadá, ni de hoteles de cuatro o cinco estrellas… que va… yo soy mucho más “pailán” que eso, y para “pailanadas” no necesito ir a ningún sitio avanzado y/o civilizado; cometo la “pailanada” en el más insospechado lugar porque pertenezco a la creme de la creme del “pailaneo”… Vamos allá, valor y al toro, y a ser objeto de una mal disimulada lástima.
    Iba cierto día por la calle de una ciudad gallega, en la frontera ya de la noche, pero todavía en ese espacio de tiempo llamado entre lusco e fusco; iba, ¡por encima!, con mi novia, para añadir más humillación a la situación y, en un momento determinado, aparca un moderno vehículo 30 metros más adelante, baja un tipo bordeando la cuarentena, “trajeao”, “encorbatao”, “estirao”… vamos, la situación empezaba a prometer… y cierra la puerta del coche, pulsa el mando, plop-plop, se encienden y apagan dos seguidas los intermitentes del bólido, y se dirige hacia la acera, por donde justamente pasaba yo que, pobre diavolo, había percibido que las luces de la modernísima máquina se habían quedado encendidas… Por supuesto soy un tio educado, con clase y elegancia personal y le hice la pertinente observación al individuo:
    – Disculpe, se ha dejado las luces del coche encendidas.
    Me miró, y respondió:
    – Se apagan solas.
    – Ah- malamente pude articular nada más… mejor echar tierra al asunto…
    Seguí mi camino, con mi novia al lado, doblamos la esquina y, justo al doblarla, escucho a mi lado: “jajajajajajajajajajajajaja”, mi novia sabía que yo era divertido pero ese día la sorprendí de lo lindo; menos mal que tengo cierto sentido del humor y comprendí que menuda pailanada había perpetrado y, sinceramente, pocas veces me he reido tanto de mí mismo.
    En mi descargo diré que el “sobrao”, “estirao”, “trajeao” y “encorbatao” cuando me dijo que se apagaban solas, me lo dijo con cierta desgana, como si no hubiera sido yo el primer pailán, lo cual, ahora que lo pienso, no sé si es atenuante o agravante…
    En fin, esta ha sido una de mis geniales contribuciones al noble arte del pailaneo, y espero que todos empiecen a cantar como es debido que veo poco nivel de “pailaneo”.
    Un saludo.
    Manuel.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Manuel:
      Muy divertida como cuentas la anécdota porque me imagino perfectamente la situación y todas las imágenes. Y estoy contigo, que me parece que el personal se calla, pero hay que animarse, que no pasa nada. Muchas gracias por tu contribución al noble oficio del pailaneo y a ver si hay más gente que se apunta. Gracias por tu comentario.

  11. Ene Enriquez dijo:

    Jajajja muy buena la anécdota!!!!!!!!!!! pero tampoco me extraña porque, con estos Yanquies(ya sabemos como las gastan)uno nunca sabe.
    Un saludo y decirte que tienes un blog muy ameno.
    Ene

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Enrique:
      Pues sí, fue una comedura de coco total porque como allí tienen casi todo automatizado….. pues, como dices tu, nunca se sabe. Gracias por tu comentario

  12. Anxo dijo:

    Hola, Manuel

    No me acuerdo de especiales momentos pailán, pero he tenido uno (pequeñito) recientemente en este blog, para más señas. Como sabes, trabajo en el campo informático. Se supone que esto de internez y sus misterios son pan comido para mí. Pues resulta que cuando escribo un comentario aquí, hay que rellenar los campos de nombre, correo y página. ¿Página? ¿Qué página? – me preguntaba. ¿Será el número de página del blog? Me estrujaba las meninges y no di con una solución satisfactoria. Bueno, pues no pongo nada. Además no es obligatorio. A ver qué pasa.

    Días después me fijé que algunos bloglectores ponen un nombre o sobrenombre que tiene enlace a otro blog. Por ejemplo, “Alís” en este post. Interesante.

    Días después, hoy en concreto, voy en el tranvía todo tranquilo pensando en las musarañas y, de repente, veo la luz. ¡¡¡”Página” significa página web!!! ¡¡¡Puedes enlazar tu nombre con tu página web!!! Aaaahh. Imagínate la cara de pailán que se me quedó.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Anxo:
      Pues yo tengo también que investigar eso porque no tenía ni idea que para entrar en el blog hay que hacer tantas virguerías. Pues sí, siendo informático, como que sí. Gracias por tu comentario.

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