Un arquitecto suicida

Un conocido arquitecto coruñés, José Manuel López Mihura, estaba un poco desesperado por una obra que había realizado en el hospital Juan Canalejo de A Coruña, ya que era objeto de bastantes críticas por parte de médicos y enfermeros.

El asunto en cuestión era que, para comunicar un módulo del centro médico con otro, a una altura de unos veinte metros, había ideado una pasarela acristalada para que, así, además, entrara más luz natural. Hasta ahí nada especial que no estuviera en los anales de la arquitectura y, aunque para el profesional de la escuadra y el cartabón, la construcción estaba perfecta, el personal sanitario alegaba que al pasar entre las paredes de cristal, a esa altura, les producía cierta preocupación y afirmaban, o al menos insinuaban, que podían ser no muy seguras.

Mihura creyó que se trataba de una simple apreciación de unas cuantas personas, por lo que, en principio, no le dio mayor importancia; pero, a medida que llegaban a sus oídos diferentes comentarios sobre la estructura, decidió ponerse en acción. Así que, un día, el arquitecto citó al responsable del hospital y a otros cargos en la reciente obra realizada. Armado con un bloc de notas explicó con todo lujo de detalles las características de los cristales, su consistencia, su robustez, cómo se habían construido las diferentes capas para crear una pared sólida, a la vez comentaba que otros hospitales de Europa existían pasarelas similares y que nunca habían pasado nada.

A pesar de la exhaustiva información que daba, José Manuel Mihura no debió ver buenas caras en quienes estaba dando las explicaciones, así que, en un momento dado, se separó del círculo de contertulios, se acercó a una de las paredes y, ante el asombro de los presentes, tomo carrerilla y se estampó contra el otro lado de la cristalera. Los asistentes a la improvisada reunión quedaron estupefactos y todos coincidieron, sin decir nada, pero nada de nada, que las acristaladas paredes eran pero muy, pero que muy seguras. Vamos, segurísimas.

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10 respuestas a Un arquitecto suicida

  1. aal dijo:

    ¿Es habitual que los arquitectos tengan que hacer ese tipo de comprobaciones?

  2. La vecina de abajo dijo:

    Es el blog mas divertido y entretenido que he leido, por que no escribes algo mas????????
    También podrías escribir un anecdotario no???

    • Manuel Guisande dijo:

      Gracias. No te preocupes que seguiré escribiendo y espero que las anécdotas y cosas de la vida que te cuente te sigan gustando. Lo del libro ya se verá. A lo mejor un día alguna editorial se interesa y recopilo todas. Gracias por tu comentario

  3. fumar es un placer dijo:

    Desde luego eres la leche. Podrías escribir un libro con todas las anecdotas que sabes, y las historietas que cuentas. Me gustaría conocerte personalmente. sigue así, no cambies nunca.

    • Manuel Guisande dijo:

      Gracias por tu comentario y si consigo que sonrías y que te olvides del Ibex 35 ya me doy por satisfecho. Malo será que un día no nos conozcamos

  4. Beatriz dijo:

    Pues nada mas cierto que la preocupación por tener cruzar esas pasarelas.
    Yo sufro de vertigo a las alturas y la primera vez que tuve que cruzar esa pasarela a la altura del 9º piso(un sexto desde el suelo)tuve que reunir todo mi coraje y valentía. Pero ya esta superado. ¿el truco? No mirar hacia abajo.
    Mi enhorabuena a Lopez Mihura por la pasarela y por la valentía.

    • Manuel Guisande dijo:

      Hola Beatriz:
      A mí personalmente no me dan miedo ese tipo de alturas porque si es una pasarella echar por un arquietct…. más miedo me da ver a mis hijas en las atracciones de las fiestas. Pue sí, Mihura, que es un buen amigo mío es genio y figura. Gracias por tu comentario.

  5. Miguel Buján dijo:

    Con semejante modo de explicar lo seguro de su pasarela no podría llamarse más que Mihura, el tal Mihura. No niego que su ímpetu por educar a los transeuntes sea paralelo a su savoir faire a la hora de idear construcciones tan “originales” como tortuosas, pero es un acto de redención el suyo poco proclive en sus colegas de hoy día. Recuerdo en un devate de la Telegaita donde se trataba el tema del “feismo” típico gallego y uno de los tales colegas del tal Mihura (igual de poco comedido que éste a la hora de exponer sus apreciaciones) arremetía contra Dios y Cristo benditos porque a algún pobre diablo se le ocurrió la idea de poner como ejemplo el enfoque rural irlandés donde el maridaje entre el medio y las construcciones típicas es más que perfecto para todos los sentidos. El cabestro en cuestión acabó por coger más aire del necesario para oxigenarse las neuronas (y como elvándose a dos palmos más del suelo) y poco más que escupió a los presentes su poco sentido del arte de la arquitectura actual, ya que para él lo que se daba en el rural irlandés era del todo repetitivo y del todo, sobretodo, ridiculamente staccato (forte staccato), pues nada concedía a la arquitectura convencional; todo moles e insensatos pizzicatos. A lo que concluyó su verborrea alegando que con todo su conocimiento sobre arte, historia y, cómo no, arquitectura, preferiría una y mil ves una amalgama tal como la que en Galicia se denomina “feismo” a lo sumamente lineal, verde y agro limpio de aquella tan buena isla a los sentidos.

    Descreído como soy hasta de mí mismo, me pregunto: ¿no sería mucho más factible, como en el campus de la Universidad de Oklahoma, hacer boquetes en el suelo donde poder colocarnos las cabezas bajo tierra, aún a riesgo de dejar el culo afuera y así, al menos, como dice el chiste, que alguien pueda entonces aparcar su bicicleta entre nuestro lustrosísimo par de nalgas? Ya que en estos tiempos que corren las artes no necesitan, para hacerse, más que estupidez, palabrería y mucha chulería en palangana, no sé yo, acaso fuese mejor ap(art)ars(e), despacito, lentamente y sin ruídos, a buscar un ben granito contra el cualorinar pausadamente y sin violencias, cuando nadie (o quizás todos) nos mirasen…pero a nosotros, ni fu ni fa.

    Recuerdo una canción para niños que comienza “Una vaca se encontro una flor/ y se puso de muy buen humor…” Como las flores de Cortázar, yo también estoy convencido que en el fondo todos somos como flores, y de ahi el “despetelo”, las hojas secas después de frescas y, cómo no yambién, el liboteo.

    Yo soy más de las moscas, como aquellas que me orbitan, siempre y siempre, todas mis arquitecturas.

    Buenas noches a todos (Mihuras y moscas y Manolitos).

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