La gripe

No sé tú, pero la mayoría de mis amigos son unos tipos simpáticos y creo que tenemos una cosa en común: una cierta sobredosis de estupidez. Alfonso Andrade, compañero de tareas periodísticas, un día cogió un bolígrafo, lo lanzó por el aire como si fuera un avión de papel, y me preguntó. «¿Sabes qué deporte es este?» y sin tiempo a que reaccionara me contestó «Aerobic». Ya antes, pero desde que vi el Bic volando, sabía que a Andrade y a mí nos unía algo más que una buena amistad: el absurdo, pero el absurdo más absoluto.

Así, un día, hablando de la gripe, de ese fenómeno natural y excepcional que casi todos los años te lleva a la cama, me comentó: «¿No crees que la gripe es una enfermedad muy democrática?». Y entonces no solo me explicó que afectaba por igual a ricos que a pobres, a huérfanos que a familias numerosas, a empleados y parados, sino que, como bien común universal, debería ser considerada Patrimonio de la Humanidad. También convinimos que debería figurar en el Estatuto de los Trabajadores como unas vacaciones más durante el año, como la Semana Santa, las Navidades o el Carnaval.

Pero como Alfonso Andrade y yo tenemos siempre una cierta tendencia a analizar en profundidad las cosas, llegamos a la conclusión de que es algo más que una enfermedad; es una necesidad, porque tiene un aspecto de todos conocidos y que es la recaída. Y ahí está la clave del éxito de esta enfermedad que nadie osa erradicar, la recaída, porque es tan difícil saber si estás bien que, cuando crees que estás curado, entonces surge esa frase implacable que te llena de gozo. «¿Y si recaigo, y si… ».

Y es que hay tantos hermosos y preciosos «y si… » y, sobre todo, estás tan feliz en cama con tu portátil, tus pelis, tu paquete de tabaco y tu mp3, que te dices: «No, hoy no voy al trabajo, ni hablar. No vaya a ser que recaiga y… ». Y no vas, y no vas, y no vas y no hay tío en el mundo que te levante, te llenas de razón y, eso, ya lo dijo Andrade: la gripe, un bien común, Patrimonio de la Humanidad.

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Una respuesta a La gripe

  1. J. G. E. dijo:

    Lo del aerobic me recuerda que un hijo mío hace unos años me pidió permiso para ir a navegar con un amigo. Le dije: Alberto, por mi no hay inconveniente, debes de hablar con tu madre (que ya se sabe lo histéricas que son las madres con las actividades de sus hijos) y si te pone pegas, le dices que te llevo yo, que ya tenemos en el maletero el calzado y la ropa de aguas por si teneis mal tiempo. Me gusta que sigas mis aficciones, te encantará, pero ten mucho cuidado con la botavara. A lo que me contestó: Pero, ¿de qué estás hablando?… si no vamos a salir de su casa !! … padre carca e ignorante el mío venía a decir con la expresión de su cara

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